lunes, 17 de julio de 2017

MI NIÑA BONITA



Cierra algunas puertas. No por orgullo ni por soberbia sino porque ya no te llevan a ninguna parte.

Como todo en este mundo, el paso de los años va deteriorando, puliendo y olvidando pasados sentimientos que o bien no dejaron huella o quizá un poso sin sabor a nada. Sin embargo, nacen otros que no esperabas encontrar. Quizá me ha sobrado media vida.

Las personas caminamos a veces velozmente, otras ralentizadas, en pos de quimeras que en ese momento consideramos de la máxima prioridad. Pasamos como una estrella fugaz por los diferentes estadios de nuestra vida y nuestro comportamiento resulta evidente y adecuado a esa coincidencia. De niños, tenemos sentimientos sin mácula que pueden o no dejar su impronta en el futuro. Luego despertamos a otra novedad que quizá esos sentimientos primarios no habían alentado ni alertado; puede ser la goma que haga tabla rasa de pasados sueños. Ahí nuestra prioridad arrastrará como en una avenida incontrolada con aquellos sueños de infancia.

Algo anida en tu mente, en tu ser. No solo no luchas contra el intruso, te entregas a él en cuerpo y alma el tiempo que dure que puede ser eterno o efímero, depende del grado de la infección. Va transcurriendo tu consuetudinaria existencia entre fracasos y clamorosas derrotas hasta la victoria final. Cuando alguna vez parece que ese asalto puede ser el definitivo, algo o alguien se encargará de aclararte las ideas y sentimientos o joderte la vida.

Así, a trancas y barrancas, pasará tu existencia entre caminos embarrados, estrellas sin brillo o hiedras que estrangularán tu corazón. Como el lobo a la luna llena, pasarán muchas noches en las que aullarás buscando el camino perdido, la estrella polar en medio de la niebla o a ti mismo sin posibilidad de recuperación. Echarás la vista atrás y salvo por irrenunciables encuentros, te preguntarás si ha merecido la pena llegar hasta aquí. Como escribía Machado, "...al volver la vista atrás, se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar".

Cuando perdido en medio de la nada y con ganas de dar algo a tu vida que te saque del marasmo en que caíste, hallas una cachorrilla que te saca del fondo del alma sentimientos que jamás hubieras imaginado poseer. Cuando ya se secó el arbolito y la sabia se negaba a emerger, cuando tu cabeza más bien no sabe donde se encuentra y se niega a reencontrarse consigo misma, esa cachorrilla con su mirada parece decirte: " Oye que yo estoy aquí, que dependo de ti, que donde tú vayas te acompaño y no me dejes sola pues no lo soporto y mi llanto te acompañará donde vayas".

Entonces, recuperas aquellos "te amo" pronunciados y sin pronunciar, nunca generados con el mismo ímpetu ni dirigidos a nadie en concreto, pero con un amor diferente, ni peor ni mejor, distinto. Y en silencio, mirando a los ojos de Laika, encuentro que mi amiga, mi amante del momento, es ella y que solo me abandonará si la muerte de alguno de los dos ocurre. Siempre hay algo que nos sorprende.

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