Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

miércoles, 26 de septiembre de 2007

Insomnio (osease, dormir mal)
La noche, es la dirección prohibida por donde la vida discurre. Puede que para los noctí(vagos) y noctámbulos sea la forma ideal de gastar su tiempo. Mas cuando es una obligación, no es nada agradable. Cuando no te invade el sueño, lo hacen pensamientos nada positivos, a veces. El mal dormir, provocado por la ruptura de los ciclos circadianos; los ruidos de los vecinos -sobre todo la vecina de arriba, dita sea su estampa-; el bullicio de la calle y sus circunstancias..................
Nunca falta el teléfono que, no satisfecho con despertarte, agota su tiempo de timbre para que, desesperado de oirlo, te levantas y justo cuando vas a descolgar, se calla. Luego observas que era un teléfono oculto y te acuerdas de todos los ancestros del llamante.
También el correo -o la publicidad- colaboran. Tocan el timbre del portero automático como si ardiera el edificio. Te levantas mascullando improperios y después de abrir la puerta de la calle, esperas a ver si traen algo.
Te acuestas de nuevo y comienzas a divagar. Si te has acostado con alguna "perra" en la cabeza, vas dado. Mejor te levantas. A veces te despiertas roaro, roaro, roaro. Será posible, piensas. La flauta suena a destiempo y sin partitura. Con suerte, has tenido un sueño agradable e intentas recuperarlo.
Soñando siempre en pos de una quimera
¿cuándo escuchaste que ella no lo fuera?
Luego, cuando miras el buzón, hallas una nota del correo en la cual te dice que como no estabas en casa, pases a recoger un certificado a la oficina de correos. ¡¡La madre que lo peinó...................................!!

enviado miércoles, 06 de septiembre de 2006 11:23 por WARRIORV

Aquellos temibles monstruos...........


Aquellos temibles monstruos................
............que en las frías y heladas mañanas de invierno llegaban, jadeantes y resoplando envueltas en vapor y humo hasta casi hacerlas invisibles, a la falda del cerro del Morrón (curva prolongada a la derecha seguida de otra a la izquierda esquivando el pueblo) paso de san Marcos, donde comenzaba su particular calvario. Al llegar al paso de Ródenas, para enfilar la trinchera de la Calzada, ¡ay!, no había manera de seguir por mucho chof chof y taf taf que hicieran; allí parecían dar el último estertor y llegado su juicio final particular. Se quedaban clavadas, varadas, cual mula testaruda y cabezona. Cualquier intento de hacerlas reanudar la marcha era contestado por unas vueltas locas de las ruedas que , eso sí, no se habían movido un ápice hacia adelante. Los servidores entonces, echaban arena sobre los raíles anulando la escarcha y facilitando la adherencia.

Poco a poco, entre patinazos, resoplidos y jadeos, conseguían enfilar la trinchera del Arcillero, verdadero punto de inflexión a partir del cual, y tal vez presintiendo la cuesta abajo del Navazo buscando el valle del Jiloca, comenzaban a tomar marcha siendo a partir de esta última necesario refrenar su velocidad pues hasta llegar a Los Baños (estación de Teruel) atravesando la vega del Jiloca, ya todo era pendiente favorable. Luego a la vuelta, de vacío, pasaban por estos mismos lugares con gran estruendo y velocidad, pitando -como si no se les oyera-, (donde cada maquinista tenía su particular pitido; así al oírlo, ya sabíamos quien era el conductor), como vengándose del mal rato y la humillación pasados por la mañana en aquel trazado de la vía.

¡Y qué atractivo tenía para nosotros, la chiquillería!. Antes de meternos en una trinchera de la vía, auscultábamos la posibilidad de que el tren nos sorprendiera dentro; pero no nos alejaríamos de lo alto de la misma para ver pasar a la inmensa lombriz ocre, sus maquinista y fogonero y guardafrenos, y ¡¡cómo no!! tirar piedras a los vagones.

De alguna forma, el tren fué nuestro divertimento. Existía la atracción entre el temor y la fascinación ejercidas. Yo me "monté" varias veces en alguna de ellas. Mi padre, alimentaba aquella boca voraz e insaciable. Árduo trabajo el de echar carbón a pala para mantener la presión de la caldera. Aquellas máquinas de vapor, transportaron millones de toneladas de mineral de hierro desde las minas de Ojos Negros hasta la siderúrgica y el puerto en Sagunto, antes de ser sustituidas por las máquinas diesel y el posterior cierre y abandono de las minas y el ferrocarril. (Arrastraban una masa mayor a las 1.000 Tm en cada viaje).


enviado martes, 05 de septiembre de 2006 11:53 por WARRIORV