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domingo, 20 de enero de 2008

La Estrella Polar

Dicen de ella que es la utilizada por los marinos para orientarse en alta mar. La busqué, pero era un inexperto grumete y naufragué. No hace muchos años, yo desconocía que era la estrella puntera del tiro de la Osa Menor (o de la cola). Desde la ventana de mi habitación, en el pueblo, la he intentado ver muchas veces. Sin éxito la mayoría. Siempre al norte. En las noches de verano, cuando más fácil puede resultar verla, desde la oscuridad del pozo de la Cruz he pasado ratos largos contemplándola en silencio para no ser descubierto. Como Víctor Manuel.
No es fácil. Parece como una lejana y tímida estrella. Tan importante, que muchos la buscan y nunca la alcanzan. Hay otras muchas estrellas, mucho más rutilantes, grandes y resplandecientes que ella. Sin embargo, en apariencia, todo gira en derredor suyo. A veces, se ve a la Osa Menor como si se precipitara hacia el horizonte con la Estrella Polar a la cabeza. Ilusiones ópticas.
Quienes nos precipitamos al abismo somos nosotros en pos suyo. La vez que más de cerca la pude contemplar, fue una fría noche de invierno. Soñarla,........... muchas más. Pude acariciarla con mis manos. Y darle abrigo con mi gabardina. Pero como suele ocurrir en estas ocasiones, el temor te paraliza sin saber lo que estás haciendo, solo absorto en su contemplación. Nubes y brumas, cuando no oscuridad y frío intenso, han impedido la repetición del milagro.
La majestuosidad y el brillo de la Osa Mayor -el Carro-, la tres Marías, las Cabrillas -las Pléyades-, Escorpión y las miles y miles que forman el Camino de Santiago o Vía Láctea junto al brillo vespertino o matutino de Júpiter y Venus, no han conseguido impedir que cada vez que mire al cielo, intente verla. Y sino es así, la imagino.
Publicado el: martes, 16 de enero de 2007

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