lunes, 18 de febrero de 2008

La lavadora, ha muerto


(NO, la rumana, no)

Cuando mi santa procedía a de lavar los trapos sucios de la pira de ropa que tenía acumulada, al poner la máquina en marcha escuchó un ruido interno que no supo asociar a causa concreta alguna. Está acostumbrada a que, a veces, estas cabalgadas sonoras, sobre todo en el centrifugado, se parezcan más al estruendo de una locomotora. No le dió más importancia y se fue.

Al rato, se apercibió de que no había luz en casa. En el cuadro eléctrico, habían saltado los diferenciales. Al reanudarse la corriente, la lavadora funcionó y realizó el ciclo de lavado que tenía programado, completo. Pero el asunto se complicó a la hora de abrir la puerta para sacar la ropa. No abría. Me llamó contando las aventis. No te preocupes, compraremos otra. A todo esto, la lavadora llena de ropa, presuntamente lavada.

Ya en casa, procedí a mirarla y maquinar que demonios le podía pasar. La puerta, seguía atrancá. Tapa fuera y ¡alaaaaaaaaa!. La tarjeta adosada al programador con un socarrao de urgencias. El ruido, un cortocircuito. El circuito impreso quemado, supuestamente en la parte que a la puerta afectaba. Al final (aquí me vine a la memoria un episodio grabado por Rodríguez de la Fuente en el cual se ve a un zorro, - no pongo zorra para no herir susceptibilidades-, dando vueltas a un erizo hecho un ovillo de púas, intentando hincarle el diente. En vano. Cuando aprecia que aquellas uvas también están verdes, se pone encima del animalico y le mea. ¡Qué carbón! jojojojojojo). Al final, como decía, forcé con un atornillador y salté la cerradura. ¡Ala! ya puedes ir a comprarte otra. La cerradura, también estaba fogueada.

Pero como buen español y chapuzas, y más pensando en la ropa que quedaba por lavar, mentalmente seguía con la matraca. A mi vuelta a casa, procedí a hacer puentes para que se pusiera en marcha. Y lo conseguí. Y lavó, en una sublime evocación del canto del cisne, dos coladas a la perfección. Pero claro, tampoco era cuestión de conservar la máquina y poner impedimentos para que la puerta no se abriera y se armara el diluvio.

Por otra parte, la otra ya estaba comprada. Esta mañana, la han traído a casa.

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