martes, 4 de marzo de 2008

Indignación o serenidad

Leo el artículo de la periodista Pilar Cernuda en el Heraldo de Aragón de hoy. Y viniendo de quien viene, y escrito donde está escrito, no debiera alterarme y no me altero, no debiera inmutarme y no me inmuto.
Pero claro, como las ciencias adelantan que es una barbaridad, y como a doña Pilar se le nota donde tiene el callo, por ello, no me callo.
Le voy a revelar algo que le regocijará: a ese hidalgo caballero, prócer de las letras vascas; nacido en rancia familia enraizada en los más nobles destinos de servicios patrios, considero que no debiera habérsele hurtado su sacrosanto derecho a disponer de su vida como le plazca; (hasta la Constitución debe defender el derecho a la vida o la muerte , aunque sea de hambre ¿no?),
¿Qué iba diciendo?. ¡Ah, sí!. Dicho lo anterior, he acatado la decisión tomada por MI GOBIERNO, al que no voté ni votaré (salvo que me dé mi real gana), y no he salido por ello a la calle a crispar, meter bulla, trepar, joder al ciudadano, o a aupar a nadie al lugar de donde por sí mismo y de forma voluntaria se bajó con su conducta.
Señora Cernuda: ¿no cree usted, que dado que a los muertos ya los cuidan los muertos según dijo Jesucristo, los vivos (no confundir con los vivos) deben, debemos, preocuparnos de los vivos?. Pregunte a todos esos que mandan al Presidente Zapatero, (aunque les joda, el que mande), que se vaya con su abuelo (qué h. de la g. p.), si están dispuestos a ser las próximas víctimas de ETA. Y que de ser así, hagan público un listado en El Mundo, dirigido a los terroristas, dando cuenta de su nombre y domicilio y de su voluntad a ser asesinados/as antes de que la banda se disuelva. Porque, ¿hay alguien tan ingenuo e infeliz que pueda creer que se acaba con los terroristas a fuerza de desearlo, cuando después de 40 años siguen ahí, y ni el propio régimen franquista pudo acabar con ellos?
Comprendo a quienes han sido víctimas de ETA. Incluido Aznar. Pero cuando odian a los terroristas, cuando quieren acabar con ellos. También, cuando usan a las víctimas para acabar con el Gobierno (se les ve demasiado el plumero).
Por mi parte, antes de tener que llorar delante del cadáver de mi hijo, daré por bien empleados los esfuerzos para que ni una persona más muera a manos de orates sin conciencia. Me importa un bledo quien lo consiga. Mejor hoy que mañana.
Y no olvide una cosa o mejor dicho, dos: de que no se pudran los terroristas en la cárcel o de que hubieran pasado más tiempo en ella (este especialmente) tienen la culpa los políticos, más, los del PP. Y sobre todo, que el gobierno se conquista en las urnas, no enfrentando a la sociedad hasta límites delictivos. O en algaradas callejeras.

martes, 13 de marzo de 2007