Se necesitan dos años para aprender a hablar y sesenta para callarse

martes, 14 de octubre de 2008

Sorpresas te da la vida...

Era uno de los guionistas de más éxito del momento. Escribía para las mejores series de TV y los directores de cine requerían de sus servicios con asiduidad.

Luis, un ayudante de producción, sentía una envidia sana de él. Todo fulgor y glamur. Siempre requerido por los mejores. ¡Jo! se decía para sí. Este tío debe llevar una vida de la ostia. Con el dinero que gana y el pico que se debe de gastar, tendrá de todo casi sin pedirlo. Porque con esos diálogos tan picantes llenos de ingenio y trepidantes que escribe, antes de que los demás abran la boca, él ya sabrá las respuestas adecuadas y además, conducirá a los otros al terreno que desee. La de tías que tendrá. Y, se figuraba Luis, como las actrices y sobre todo las aspirantes son ligeras de cascos......lo dicho, se pondrá las botas. Y con todas esas dispuestas a todo con tal de seguir en pantalla......

Todas estas reflexiones y más se hacía cuando volvía hacia su pensión paseando la noche. Al pasar frente al bar que solía frecuentar, entró a tomar algo antes de ir a dormir. Repasando a la concurrencia, observó que en una mesa apartada se hallaba una persona a la cual en un principio no reconoció dado su aspecto y desaliño. Cuando por fin le identificó, se preguntó cual sería el motivo que le había conducido a tal estado de abatimiento y dejadez. Más tarde, le contaron que se había separado y ella, se había quedado con la custodia de los niños y con la casa.

¡Joder! pensó Luis. Este guión, no lo tenía escrito.

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