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viernes, 10 de abril de 2009

Las culecas


Solía ocurrir en primavera y eran inconfundibles los síntomas: se paseaban por el corral con las plumas como erizadas, huecas, y sin parar de cloquear: clo,clo,clo. Luego se instalaban en el nidal y no dejaban al resto de gallinas entrar en el para poner huevos. Casi siempre acababan "encerradas" bajo una cesta hasta que se les pasaba la calentura.

Cuando querían aprovechar la condición de la culeca -llueca- para obtener y criar pollos, preparaban una cesta de mimbres llena de paja, le colocaban los huevos que podía cubrir la gallina y al granero a "engorar" los huevos alejada del resto y al abrigo.

Durante los días que duraba la "gestación", debían "embuchar" al ave pues no salía del cesto para nada. Así la alimentaban y mantenían la "fiebre" en el animal. A los 21 días, los polluelos comenzaban a romper las cáscaras de sus correspondientes huevos. Siempre fallaba alguno.

Una vez todos los huevos habían eclosionado, la devolvían al corral, cuidando al principio de que el resto de gallinas no atacaran a los polluelos, aunque la culeca los defendía con fiereza. También había que tener cuidado con las paniquesas y los cuervos pues atacaban -mataban- a los pollitos con fines bien distintos.

De esta forma, se aumentaba o renovaba el corral y la despensa. Mamá gallina-culeca, toda hueca e "hinchada" paseábase por el corral, clo,clo,clo seguida por la pollada. Aparecían la mar de graciosos cuando, echada en el suelo o en su cesta la gallina, los pollos protegidos por ella asomaban sus pequeñas cabezas por entre las plumas de las alas o la cola. Por todas partes, vamos.

Sin duda que resultaba más bucólica, romántica y natural esta forma de gestar pollos que hacerlo con las modernas incubadoras. Aunque sean más eficientes. Productividad, le llaman ahora.

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