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sábado, 9 de mayo de 2009

Giocondas


Foto tomada de un post en La Comunidad de El País. Su madre la felicita por su 25 aniversario. Esa belleza, no debe hacer perder a quien la contempla el sentido de la realidad; pero esa realidad tampoco debe privarle de admirar unos ojos tan bellos.




UN PINTOR PUEDE ENAMORARSE DE LA GIOCONDA, PERO NUNCA SE LE OCURRIRIA CASARSE CON ELLA.

Esta afirmación se me ocurre a colación de la belleza de las mujeres o de las mujeres bellas.

Unos ojos, una expresión, un gesto, una figura, pueden enamorar. Pero ese amor nunca será el sentimiento que UNA mujer en concreto despierta en nosotros. La conjunción entre dos seres, va mucho más allá de todos ellos y puede ser una simbiosis de los mismos o carecer de la mínima relación entre sí. Esa proximidad e intimidad surge expontáneamente, casi sin darse cuenta. Cuando adviertes que alguien está grabado a fuego en tu interior, a veces el primer sorprendido puedes ser tú.

En mi caso, me gusta contemplar y mirar, las curvas, los ojos, la belleza de su conjunto en una mujer. Como un pintor miraría la Gioconda. Prendado de su belleza y de la mano que la ha plasmado para la posteridad. Pero no pasará por su cabeza casarse con ella. A mi me ocurre lo mismo.

Cuando veo una mujer así, me quedo arrobado imaginando cada uno de sus rincones íntimos. Si alguien me viera pensaría que el deseo sexual me invadía. Craso error. A renglón seguido de admirar sus cualidades estéticas pongo en el otro lado de la balanza las otras hipotéticas virtudes y a veces, muchas, veo que la miel que el panal puede encerrar está rodeada de demasiados aguijones. Y eso, puede ser mortal de necesidad. Si eres alérgico, con un aguijón basta.

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