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lunes, 13 de julio de 2009

Días de caza



Dicen que, los cazadores, mienten más que ven. Y aunque a veces se dejen llevar por el entusiasmo al relatar los eventos acaecidos durante la cacería, eso no da pie para llamarles embusteros. La caza es, un juego de azar, cruel porque se mata, pero con las mismas vicisitudes, emociones y frustraciones. Hay que ser cazador o haberlo sido, para entender y participar de esos sentimientos.

Yo he tenido un abuelo, Cristóbal, y un tío, Antonio, que aún vive y caza, de lo mejor en esto de la escopeta. Sobre todo el abuelo, que tenía una escopeta paralela del 16, de perrillos. ¡Cuántas veces no habré ido a cazar yo con ellos!. Casi todas de "perro" u ojeador. No tiraba -nunca mejor dicho- un cartucho el abuelo. Si disparaba, la pieza podía darse por muerta. Un día de caza estaban almorzando y una liebre -su pasión y la mía- en las proximidades no se le ocurrió más que ponerse derecha apoyada en sus patas traseras para ver que pasaba. Justo le vino. "Reza lo que sepas" dijo el abuelo.

Cuando iba a cazar el solo, ya fuera a espera o no, si le preguntaban que había matado -lo lógico hubiera sido preguntarle que había cazado- siempre te respondía: "la bubuta". Eran tiempos en que todo estaba libre, había caza y el único peligro eran los civiles, que buenas corridas dieron a más de uno.(En aquellos tiempos, aún no habían "civilas"). Abuelo incluido. (Al amigo Crispín, hasta fueron a buscarlo a casa después de haberlo corrido por San Ginés. Pero se les escapó)

Cada día 15 de Agosto, se juntaban todos, hasta gente que nunca iba a cazar, y nos íbamos (yo tendría ¿8 ó 10 años?) de madrugada hacia la Pareteja donde se ponían a espera hasta el amanecer. Después, bajábamos al monte de Alba, que estaba acotado, a cazar conejos. Nunca he visto tantos. Luego, cuando ya estaba todo alborotado y antes de que viniera algún guardia, se replegaban. A mi me mandaban a casa con lo que habían cazado, (cosa que me sentaba fatal) para que las mujeres fueran preparando la cena. (De no haber niebla, nunca te podías perder teniendo el referente del cerro de san Ginés). ¡Cuántas liebres no tendrá guisadas la abuela Filomena junto con otras "cazadoras"!.

De las últimas veces que fuimos a cazar, sino la última, nos subimos desde la Dehesa mi padre, mi tío, el abuelo y yo, hasta la Nava. Allí nos echaron a ojeo él y mi padre la solana de Morrón Blanco. Mi tío arriba, en la mojonera con Ródenas, yo abajo, en la Pieza Rota. Una liebre que movieron, se pasaba por encima del tío, pero la perra que estaba por alli pululando la ahuyentó y al final enfiló hacia abajo, hacia donde yo estaba, como una centella por entre las estepas. ¡Madre mía qué lío! ¡Pum!. Le tiro y a esperar. Cuando llegaban a nosotros mi padre y el abuelo, se reía de "los de las ametralladoras", yo que solo tenía una paralela del 12 y más bien mala. Le dejé que lanzara diatribas y juramentos. "Cojala que está ahí". Se creia que la liebre se me había ido (cosa que pudo haber ocurrido). Al llegar a casa, había una vecina con la abuela tomando el sol. El, chaqueta al hombro izquierdo, la mano debajo sin verse y la liebre allí, "Ya llevarás ahí una liebre" le dijo la mujer. Jijijijijijijiji con su risa característica. ¡Y era verdad!

Quien no haya comido una paella de liebre con caracoles, no sabe lo que se ha perdido. Es, sin duda, el mejor arroz. Y yo, de eso, sé un rato. No en vano he llorado mucho haciendo paellas en "les Barraques"..........

Hace muchos años que dejé de ser cazador activo. Casi mato a la perra del tío, y eso que solo le dió un perdigón... Y pensé que lo mismo podía haberle dado a otro cazador. No he vuelto a disparar.

enviado lunes, 02 de octubre de 2006 8:25 por WARRIORV

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