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martes, 30 de junio de 2009

Raquél vs Zahra



Andaba yo dubitativo elucubrando un nombre de heroína (ojo, caballo no, ¿ein?), que a modo de Dulcinea me sirviera para mi particular deambular onírico. Vínome a la mente Jacob, pues recordé, a propósito de la última película vísta en la tele sobre su hijo José y la llegada de los israelitas -¿ya serían judíos?- a Egipto, que ya anciano, lloraba a la que había sido su amor de toda la vida, Raquél, muerta a consecuencia del parto de su hijo Benjamín.

En tiempos de aquél santo varón, a los escolares nos enseñaban Historia Sagrada como una asignatura más. Blanda y divertida, pero Historia al fin y al cabo. A mí, no me ha creado jamás ningún trauma el saber los hijos de Jacob, que aún recuerdo sin recurrir al google, las penalidades de Abraham cuando su dios le pidió en sacrificio a Isaac, o las de Noé para meter en la patera a una pareja de bichos de cada especie.

Sin contar las aventuras de Sansón y la putada que le gastó su mujer Dalila o la pedrada endiñada por David al gigante Goliath, que se comía crudos a los niños israelitas. Tampoco se me olvida que a san Juan le cortaron el cuello en la prisión de Maqueronte, por criticar las otras putadas que realizaban la querida del rey Herodes Antipas y su hija delante de toda la corte. (Por cierto que en mi pueblo, al habitáculo donde se criaban los cerdos, guarros, gorrinos, etc. en otros tiempos, le llamamos "la corte". El pueblo es sabio).

Ah sí, que me había perdido. Pues resulta que al pobre Jacob, Raquél, lo considera un desalmado que despojó a su hermano de la primogenitura por un plato de lentejas, olvidando que, en todo caso, fué una transacción comercial. A más a más, si dios ya tenía escrito el futuro, ¿qué culpa pudo tener el hombre?.

Que era un políglota. Joer ¿y a quién no le gustaría serlo?. Dos o tres esposas, más alguna esclava. ¿Qué podía hacer ante el presunto dolor de cabeza de sus amantes esposas?. Aliviarse como pudo. Claro, como no ponían medios ni existía la píldora postcoital, ¡ala!, doce churumbeles. Sin olvidar al cabroncete de su tío, que le dió gato por liebre.

Pues sí. A mi Jacob siempre me ha caído bien. Pero habré de buscar otro nombre con menos connotaciones "negativas". Aunque también está unido a otro políglota, Abderramán III, la leyenda que pervive sobre la ciudad de Medina Azahara, me impulsa a cambiar el nombre de Raquél por el de Azahara o Zahra. Y es que soy un romántico. Un pobre diablo sentimental.

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