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sábado, 6 de junio de 2009

Va de curas

In illo tempore, en vida de mi abuelo Manuel, el de la escursión en busca de té, ocurrióle a éste un hecho que mi señor padre aún se enciende cuando lo recuerda. El abuelo vivía junto a la iglesia. Reza que está construida, toda ella en piedra de rodeno, en el año 1740. En el atrio del altar mayor, había sendas lámparas de latón o bronce colgadas cada una de las columnas correspondientes. Eran grandes, preciosas. En el propio altar, unos candelabros que daban mucha prestancia y realce al mismo, sobre todo los días de las grandes solemnidades en que quedaba todo muy iluminado. Para encenderlos y apagarlos el sacristán usaba un artilugio especial dada la altura a la que quedaban las velas.

Una noche, mi abuelo observó que había luz y se escuchaban ruidos. Previendo, con buen criterio dadas las horas, que fueran ladrones, el hombre entró a la iglesia a ver que pasaba. Cual no sería su sorpresa al ver al cura y al sacristán, con nocturnidad y alevosía, en plena faena embalando las pertenencias más valiosas de la parroquia.

De este modo desaparecieron esas lámparas, los candelabros, los libros del coro antiguos con tapas de cuero, casullas, etc. Todo cuanto tenía algún valor, voló. Más o menos como en todas las parroquias. Aves de rapiña, que siempre se han pasado la vida pidiendo, pero que no respetan la propiedad de las parroquias. Y además, el cura le cogió ojeriza a mi abuelo.

En otro lugar, me han contado que llegó una pareja de refugiados con sus hijos al pueblo. De las tierras del sur o por ahí. Un día, desaparecieron las teclas de marfil del órgano de la iglesia. Como siempre, pocarropa fue el primer sospechoso. Tras dos o tres días de "ablandamiento" tratando de convencerlo de que había sido él, no pudo aguantarlo y dejó viuda e hijos huérfanos. La mujer, con la ayuda de los vecinos -unos más que otros- sacó adelante a sus hijos haciendo todo tipo de trabajos en las casas. Hace poco la ví llorar, recordando esas amarguras.

Y aunque oficialmente nunca se supo la verdad, porque no interesaba, es vox populi que quien presuntamente robó las teclas, fue el propio cura. El cual, con posterioridad, se fue a Mallorca con otro elemento a fundirse las perras en putas

Otro ejemplo que clama al cielo es el de los bienes de las parroqias de la diócesis de Barbastro-Monzón. El bispe de Lérida, se niega a devolverlos. Todos son iguales y estos, catalanes. No hay peor sordo que el que se pone una venda en los ojos.

enviado domingo, 04 de noviembre de 2007 0:09 por WARRIORV

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