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lunes, 15 de junio de 2009

ZAFRAN-AZAFRAN


Crocus sativus

Mi pueblo, siempre ha sido productor de zafrán. Su nivel de producción siempre ha ido ligado al clima -lluvias de primavera y verano- y a la mano de obra, imprescindible, para sacarla adelante. En la actualidad, ha decaído mucho respecto de los años 50-60. Entonces, en algunas casas, se contrataban esbrinadoras de los pueblos que no tenían cultivos. Por encima de los 1.200 metros de altitud. Incluso llevaban la rosa a esbrinar a esos pueblos. Hoy, ha disminuido tanto el cultivo, que ha pasado a ser testimonial. Aunque quienes viven allí todo el año, siguen plantando todas las primaveras la cebolla o bulbo, allá por san Pedro.

Dependiendo de las lluvias habidas en el verano -la planta está inactiva de Junio a Octubre- tarda más o menos en "retoñar". Suele ser en la primera quincena de Octubre. Una campana de Gauss, representaría a la perfección la producción diaria. (In crescendo para acabar en nada (y hartos)). Y todos los días hay que recoger la rosa nacida durante la noche, en el campo. Más o menos un mes.

En aquel tiempo, íbamos andando de madrugada a recolectar la rosa (flores). Llegada de noche al campo. A esperar a que amanezca. Si hacía frío, a quemar aliagas para calentar las manos. Recuerdo al tío Jesús diciendo a su hijo Eliseo: "cara la luz del día, cara la luz del día", para poder ver las rosas en la oscuridad.

Luego, con el frío, a currucar. La mano se quedaba aterida y además del dolor del entumecimiento, no se podían coger las flores. De una en una. A primera hora era cuando más cundía pues la flor estaba "acapullada" antes de que le diera el sol. Luego se abría y era más difícil cogerla. A lo largo de la mañana, los dolores de riñones eran normales. Cuando finalizaba la recolección del día -en los días de máxima eclosión no se lograba- con la carga a cuestas, a casa. Igual eran las 12 o la 1 del mediodía.

Si tenías suerte y había quien las hubiera cocinado, un plato de patatas zafraneras era el mayor manjar habido para un cuerpo dolorido, cansado y hambriento. Doy fe de ello.

Más tarde comenzaba el esbrine. Había que separar el brin -los estigmas de la flor- de las hojas inservibles. (Cuando había poca rosa, también separámos las lengüetas, lo amarillo de la flor. Venta y beneficio directo para cada uno). De una en una, y las había por miles.

Era este un acto más social que la recolección. La gente se juntaba al sol o a cubierto dependiendo del día. Se echaba la rosa sobre la mesa (que solía ser para ese menester exclusivamente) y ¡hala! a rebajar el montón. Hasta que la luz solar lo permitía. Se comía sobre la marcha. Un tomate de la tierra -insuperable- unos "civiles" o un trozo de magra. Y a darle a la pelada sin parar. La gente hacía un "repaso general" del tema que salía a colación. Algo así como como las tertulias de TV de hoy, pero en decente. Cuando había esbrinadoras, aún lo conocí, al dar de mano por la tarde las mozas y los mozos se juntaban media hora para bailar.

Después de cenar, con luz eléctrica, a seguir hasta bien entrada la noche. Dependía del retén que hubiera de rosa sin esbrinar. Y raro era quien no daba alguna cabezada, que a veces casi era siesta, esbrinando. Por eso, el palique, era imprescindible.

Una noche, me dolía la cabeza. Me permitieron que me fuera a la cama y me puse el termómetro para ver si tenía fiebre. El aparato, tuvo tiempo toda la noche para comprobar mi temperatura. A la mañana, cuando me despertaron para ir a coger rosa, el termómetro feneció.

Mis padres se juntaban con los vecinos; recuerdo una conversación que llevaban entre ellos y que me atañía. No imaginaban cuanto, con el tiempo; yo tampoco. Pero yo, por aquel entonces, no discernía entre tantas flores. Presumo que, en aquella época, el único capullo, era yo. Pero esa, ya es otra historia.



enviado viernes, 22 de septiembre de 2006 21:50 por WARRIORV

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