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martes, 28 de julio de 2009

La abuelica


Aunque ya tenía edad para ello, no me había planteado nunca comprarme un coche. Me imagino era porque no podía pagarlo. Tampoco había formado parte de mis prioridades. Menos, buscar novia. Aunque por razones bien distintas: yo ponía todo mi interés en ello, pero la parte contraria no estaba por la labor. Menciono esto, porque eran las dos preguntas que indefectiblemente debía afrontar formuladas por mis amigos y vecinos cada vez que volvía a casa por aquellos años.

Pero nada hay inmutable. Estaba trabajando en un lugar de Castellón y mi jefe quería comprarse un coche. (Habíamos trabajado juntos el año anterior y se había establecido por su cuenta). Le acompañé a la ciudad sin ningún interés particular. Fuimos por la tarde a ojear vehículos. Y caí. No tres veces como el Señor. A la primera. Un seat 850 coupé me atrajo desde el primer momento y lo compré. Pero ocurrió lo que era de prever: NO TENÍA CARNET de conducir y hubo de quedarse allí el coche. Algún amigo, con posterioridad, me lo acercó a las Barracas.

Deprisa a sacarme el carnet. Siempre igual, no se hacen las cosas cuando se debe, y luego a correr. A los pocos días, iba en el 600 de la autoescuela desde El Grao a la Magdalena, lugar donde se realizaban los exámenes, perdiendo el culo y asustando al profesor. No porque el coche fuera un bólido, sino porque yo era un novato y algo imprudente por ese mismo motivo.

Tenían en la casa a la abuela, madre de la mujer de mi jefe. Mayor, religiosa y buena gente. Cuando a mí me agobiaba el trabajo, siempre se escapaba alguna palabrota. La madre y la hija se santiguaban como si estuvieran en presencia del maligno. Salían despavoridas.

Y llegó el día del exámen. La abuelica, con su mejor interés y voluntad me dijo: "Hijo, tú rézale un padrenuestro al Espiritu Santo y te ayudará". Así lo hice cuando comencé el exámen. El teórico, bordao; el práctico...................fatal. Al cambiar de 2ª a 3ª me rascó la 1ª. Pero seguí. Al hacer la "ele" -entrar, marcha atrás, salir- no me daba el giro y hube de dar marcha atrás (no se podía) para poder salir. Otra vez el Espíritu cegó los ojos del examinador. Dejé el coche y a esperar para salir al circuito abierto. Pasó el tiempo y se hizo tarde. Las 2. "Venga, no se hace circuito abierto; el que tenga aprobado el circuito cerrado, puede marcharse". APROBADO. Desde aquel día, siempre que me encuentro en una situación comprometida rezo un padrenuestro. Y le doy las gracias a la abuelica, verdadera protagonista de este post.
enviado viernes, 06 de octubre de 2006 8:06 por WARRIORV

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