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miércoles, 4 de noviembre de 2009

Anirás a l`infern

Hace años, fuimos a visitar a los cuñados que viven pasada Barcelona en una población costera. La sobrina, tendría 8 ó 9 años e iba, cosa normal, al colegio. Ya reinaba el omnipresente honorapble master del universo, aunque no era tan patente la asfixia catalanista o antiespañola. Aunque en honor a la verdad, en mi casa de verano (e invierno) nunca me he sentido especialmente discriminado.

(Repasando este post, me ha venido a la memoria una anécdota que contaba un catalán. Comiendo con unos amigos en un restaurante, pidió la cuenta. El camarero le respondió en catalán por lo que él, formuló de nuevo la pregunta. La respuesta consiguiente fue del mismo tenor. Entonces les dijo a los otros comensales: "vámonos que dice que es gratis". Fué el bálsamo de Fierabrás ya que, el camarero, recordó de inmediato el idioma español).

Los colegiales, de la mano de sus maestros, tenían preparada una función para entretener a l@s ancian@s de una residendia local. Los cuñados nos ofrecieron asistir, a lo cual no podíamos negarnos para no defraudarles y desairar a la pequeña.

Lo que para los padres, en general, supondría motivo de orgullo, para mí no tenía más interés máxime cuando los diálogos eran en catalán. Al cuñado, tampoco le interesaba demasiado y estuvimos viendo lo que había por alli. En una sala, había dos ancianas y una de ellas, en una letanía monótona e inacabable, no cesaba de repetir algo que yo no acababa de entender dadas su poca claridad e idioma.

No sé si yo pregunté o el cuñado me lo aclaró. "Le está diciendo a la otra mujer "anirás a l`infern"". ¡Claro!, entonces comprendí. "Irás al infierno". Hubo otra cosa que también me llamó la atención: el servicio de señoras andaluzas vestidas de pubillas con su acento saleroso y ceceante.

Años más tarde visité a un hermano de mi padre que estaba con la mujer en una residencia en Teruel. Tenían una habitación para los dos y estaban válidos -la mujer con problemas de movilidad pero andaba- y la cabeza y la lengua, en perfectas condiciones. Nos juntamos en el ascensor con una mujer, y la que armaron. Igual que perros rabiosos, solo les faltó llegar a las manos. Se insultaron todo lo que quisieron. "La tía puta esa.....".

Había personas en un lamentable estado, como las de la residencia antes mencionada. Y llegué a una terrible conclusión: para estar en un sitio así, hay que tener la cabeza muy serena pues de lo contrario, se funde una persona en el mismo laberinto sin retorno. Porque la mujer aquella no se daba cuenta, pero no necesitaba desearle a su compañera que fuera al infierno, ya estaban en el.

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