lunes, 23 de noviembre de 2009

PARA SEÑALAR EN EL CANDELARIO.

Hace 40 minutos, he realizado la "hombrada" que en todos estos ya largos años no me he atrevido a hacer: ir al dentista y sacarme una muela. Sin embargo, anteriormente, me había limpiado los dientes y el dentista, se extrañaba que fuera capaz de hacer eso, molesto y hasta doloroso, y no quitar las muelas que me estaban jodiendo la vida.

Tomando el nombre del blog que Juan Cruz tiene en La Comunidad de El País, veo a los demás diciéndome aquello de "Mira que te lo tengo dicho". Que no duele nada. He de reconocer que, el dolor, hasta este momento, pasada casi una hora, brilla por su ausencia. Pero el canguelo mental, la rilada garras abajo y el pánico escénico a sentarse en el "potro de tortura", o sea el miedo, es libre, y para ello no hay antitodo que valga.

Mi tortura empezó con el nacimiento de las muelas del juicio y, paralelo a ellas, el nacimiento de mis hijas. Cuando nació la pequeña, y después, las pasé putas y canutas con la próxima candidata a abandonar el maxilar inferior izquierdo. Y en general, con todas ellas. Dolor e infecciones no han logrado desbloquear el cerrojo mental que me invalidaba para ir al dentista.

He sido afortunado con el resto. Las encías, esas putas, no son un dechado de perfección. De hecho, ha sido esa la causa de que esta muela extraída hoy, se hubiera quedado prácticamente suelta. Y me siento contento de haber superado este primer escalón. No era una pieza con grandes raíces difícil de sacar sino, más bien, canija.

El año pasado, me quitaron una "berruga" interior que llevaba en el labio. Me pegaba cada mordisco que me encendía. No noté nada en absoluto. Pero acudí con otro espíritu, sin bloqueo mental. Creo que me ha ayudado a superar este trance. Espero ser capaz de continuar con la "hombrada". La herencia genética y la operación de anginas, eran un freno infranqueable hasta la fecha.

Este año, estoy haciéndome mayor, estoy rompiendo moldes.

Post Nº:412

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