domingo, 13 de diciembre de 2009

Las hogueras



Los días 13 de Diciembre y 17 de Enero, hacíamos hogueras en honor de santa Lucía y san Antón respectivamente. Mucho tiempo antes, los escolares nos afanábamos en recoger leña para conseguir que la nuestra -cada barrio tenía la suya- fuera la mayor. La más grande, la de flamas más altas, la de mayor rescaldo y la que más aguantaba sus brasas. Esto último iba en función de los troncos gordos que se le hubieran añadido. Yo vivía en el barrio bajo. Nos íbamos a la humbría del Morrón a arrancar estepas y enebros que luego arrastrábamos al "depósito". Generalmente, en nuestro caso, detrás de la casa de Armando. ¡Qué trabajos y sofocones! La fuerza que teníamos, más bien escasa. Pero era tanta la ilusión, que todo se asumía y superaba. Alguna vez, los del barrio alto, Crispin y Leonardo, nos quitaban leña de la recogida. Llegado el día, a veces había que quitar la nieve con una pala para poder preparar la hoguera.

Llevábamos la leña que habíamos arrancado el mes anterior y además, recogíamos casa por casa de todos y cada uno de los vecinos del barrio. Algún mayor, casi siempre algún molinero, era el encargado de hacer la bardera en condiciones. Una vez recogidas y ordeñadas las cabras, y con el fin de que todos los vecinos pudieran participar y calentarse, le daban fuego. Los críos, queríamos que la nuestra fuera la última en encenderse y arder. Como ya era de noche, por el resplandor se sabía cuando se estaba quemando cada cual. En mis tiempos, rivalizaban las del barrio bajo y el barrio alto. Una vez dado fuego a la pira, íbamos a ver las demás. Que siempre eran más pequeñas.

Los vecinos se solían reunir para pasar la velada y si hacía buena noche, asar patatas u otras cosas, pues la matancía ya estaba en marcha. Los críos, velando la hoguera hasta las tantas. Los menos críos, de cañera o paseando la breva.

Una noche, los mozos que iban a la escuela de adultos, con un carro que llevaron a mano, trajeron estepas a nuestra hoguera. ¡Qué regocijo!. La desgracia fué que pusieron algunas piedras en la carretera -jugando entre ellos sin pensar en más- y acertó a pasar un taxi de otro pueblo. ¡Entonces que no había un puto coche!. El tío se lo tomó como algo personal y algunos de ellos tuvieron problemas. La guardia civil en aquél tiempo era la ostia (las que repartían a la más mínima................)

Hasta hace poco, aún se mantenía la costumbre. Ahora, ya no hay viejos ni jóvenes que las mantengan.
enviado martes, 12 de diciembre de 2006 10:31 por WARRIORV

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