Amigos del castillo de Peracense

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lunes, 27 de abril de 2009

Abstinencia....




....y ayuno

Cuando me tocó trabajar el oficio de los fogones y en la Semana Santa, para mí fué un shock sino traumático si distorsionante de mis vivencias y costumbres vividas con anterioridad. Provenía de ambientes humildes y sometidos, como la mayoría en aquellos años, a todas y cada una de las costumbres, buenas o malas, que el régimen imponía; la iglesia, era el régimen.

Así, los viernes, no se comía carne en las casas. Como si el resto de la semana no faltara en la mesa. Ayuno, lo mismo. Como si durante la semana nadáramos en la abundancia y quedáramos ahítos de toda clase de viandas y manjares. Y eso no solo fueron costumbres de aquella época. Son tan ancestrales, que aún perduran en los hogares de nuestros progenitores. La iglesia, no se da cuenta o no quiere de que sino se renueva, acabará muriendo de inanición. Cosas tan absurdas como esa, como otras muchas que tratan de imponer, resultan difíciles de asumir. Sobre todo viendo las actitudes y comportamientos de la jerarquía eclesial.

El caso es que yo, a la sazón, trabajaba en un bodegón donde entre otras cosas se servían migas y longaniza. Sobre todo por la tarde. La longaniza la fabricaban al estilo casero de siempre y las migas, la abuelica de la casa era la encargada de cortarlas y prepararlas para su consumo. Luego resultó que esta familia provenía de Calamocha y eran parientes de mi santa. ¡Manda carallo!

Mi escándalo vino cuando la noche de Jueves Santo los clientes pidieron migas con longaniza. ¡Dios mío! donde vamos a ir a parar. Al corral de las batallas con Juan Perrinchín. Yo no asumía que pudiera haber gente tan sacrílega que no respetara las costumbres. No creo me planteara si eran cristianas o no; simplemente eran eso, las costumbres. Pero claro, yo era un mandao y un trabajador.

Por situación parecida pasé en Benicassim. Recién acabada la guerra y en semana santa, vino a buscarme a casa Germán. Al que luego apreciaría de verdad. Al llegar la hora de la cena y al otro día, comprobé horrorizado como la gente pasaba olimpicamente de ayunos, abstinencias y otras menudencias. Lógico. La mayoría eran madrileños huidos de la ciudad y no iban allí a practicar ejercicios espirituales. Discotecas y otras historias, permanecían cerradas (aunque dentro hubiera gente que se conocía) y donde se practicaba......menos religión, de todo.

Y digo yo que ahora que hemos conseguido oxigenar un poco el ambiente, no debemos permitir bajo ningún concepto que los talibanes cristianos así como los muslim nos agarren de las pelotas. Llegado el caso, si hace falta, se les cortan a ellos. De este modo, no les saldrán hijos como setas (el presidente de una república sudamericana, antes arzobispo, es un follador nato con una caterva de hijos) o no se dedicarán a la pederastia.

Por cierto, tanto las migas como la longaniza, estaban buenísimas. Un día contaré como las hacíamos.