Amigos del castillo de Peracense

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sábado, 9 de mayo de 2009

Giocondas


Foto tomada de un post en La Comunidad de El País. Su madre la felicita por su 25 aniversario. Esa belleza, no debe hacer perder a quien la contempla el sentido de la realidad; pero esa realidad tampoco debe privarle de admirar unos ojos tan bellos.




UN PINTOR PUEDE ENAMORARSE DE LA GIOCONDA, PERO NUNCA SE LE OCURRIRIA CASARSE CON ELLA.

Esta afirmación se me ocurre a colación de la belleza de las mujeres o de las mujeres bellas.

Unos ojos, una expresión, un gesto, una figura, pueden enamorar. Pero ese amor nunca será el sentimiento que UNA mujer en concreto despierta en nosotros. La conjunción entre dos seres, va mucho más allá de todos ellos y puede ser una simbiosis de los mismos o carecer de la mínima relación entre sí. Esa proximidad e intimidad surge expontáneamente, casi sin darse cuenta. Cuando adviertes que alguien está grabado a fuego en tu interior, a veces el primer sorprendido puedes ser tú.

En mi caso, me gusta contemplar y mirar, las curvas, los ojos, la belleza de su conjunto en una mujer. Como un pintor miraría la Gioconda. Prendado de su belleza y de la mano que la ha plasmado para la posteridad. Pero no pasará por su cabeza casarse con ella. A mi me ocurre lo mismo.

Cuando veo una mujer así, me quedo arrobado imaginando cada uno de sus rincones íntimos. Si alguien me viera pensaría que el deseo sexual me invadía. Craso error. A renglón seguido de admirar sus cualidades estéticas pongo en el otro lado de la balanza las otras hipotéticas virtudes y a veces, muchas, veo que la miel que el panal puede encerrar está rodeada de demasiados aguijones. Y eso, puede ser mortal de necesidad. Si eres alérgico, con un aguijón basta.

Poema de amor

Cerrar podrá mis ojos la postrera
Sombra que me llevare el blanco día,
Y podrá desatar esta alma mía
Hora a su afán ansioso lisonjera;

Mas no, de esotra parte, en la ribera,
Dejará la memoria, en donde ardía:
Nadar sabe mi llama el agua fría,
Y perder el respeto a ley severa.

Alma a quien todo un dios prisión ha sido,
Venas que humor a tanto fuego han dado,
Medulas que han gloriosamente ardido:

Su cuerpo dejará no su cuidado;
Serán ceniza, mas tendrá sentido;
Polvo serán, mas polvo enamorado

Don Francisco de Quevedo

No oso ni de lejos compararme
a estos lobos enormes de las letras
mas deja que repita sin cansarme
que ante mi amor están sus líneas yertas.

Prisionero de ti, dulces cadenas
por el incendio voraz que me consume
poco a poco a pavesas reducido
de tu amor quedaré, agradecido.