Amigos del castillo de Peracense

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jueves, 21 de mayo de 2009

LA ESCUDILLA


Temeroso el pobre abuelo
caminando con su hijo ingrato,
suelta de la mano el plato
y se le rompe en el suelo.
Del hijo en los ojos brilla
fuego de soberbia insana
y grita: "desde mañana
se le pondrá una escudilla.
Y para evitar mejor
que pueda aquí echarnos manchas
comerá usted a sus anchas....
pero no en el comedor".
Llanto de dolor vertiendo
que se calla con la mano,
levantóse el pobre anciano
y se retiró gimiendo.
En tanto que el nietecillo
que ama al abuelo de veras
coge unas cuantas maderas,
unos clavos y un martillo;
y, en silecio, en un rincón
muy gravemente sentado
parece estar preocupado
con urgente ocupación.
Su padre, al verlo perplejo,
¿qué haces? al pequeño chilla
-voy a hacer una escudilla
para cuando usted sea viejo-.