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sábado, 10 de octubre de 2009

Mártires o calzonazos?

Leí el otro día un post en el que una blogger, cosa normal, hablaba mal de los hombres, en general. Como es normal, el coro de comentaristas se unió a las alabanzas. Es lo que me mueve a contar la historia de estos verdugos.

He conocido a tres hombres que su vida no me atrevo a calificar de buena o mala sino todo lo contrario. Miguel, Fulgencio y Serafín. Solo contaré algo de lo que sé de su vida de casados.

Miguel, tuvo un hijo que murió después de nacer. O sea, que vivió y murió sin descendencia. Vivía y trabajaba lejos de su tierra y cuando volvía a su patria chica, de la cual también procedía su mujer, siempre se hospedaba en casa de una tía de ella. A pesar de que ambos tenían allí a sus padres.

Su padre de ella, casado en segundas nupcias, tenía varios hijos, sus hermanos, que casi casi podían considerarse como extraños en aquellos tiempos. Otro tanto podía considerarse de los de él. Miguel, tuvo la ocurrencia o el acierto de palmarla antes de jubilarse. Sus hermanos, si antes eran opacos, a raíz de ello dejaron de existir.

Estos días, la ha palmado ella. De unos años para acá, sus hermanastros, algunos, iniciaron, por el interés te quiero, una aproximación también propiciada por ella al verse ya vieja y sola. Los hermanos de él, no han asistido ninguno, de los vivos, al entierro. Los otros, mucho me temo que tampoco excepto para avivar la llama.

Fulgencio, vivió una vida copia calcada de su hermano. Toda la guerra y mucha mili; hasta siete años. Sin hijos, él al menos, ya que la mártir, según las malas luengas lenguas, presuntamente habría tenido una hija, su hermana pequeña, fruto de los retozones durante la guerra con un militar italiano. Otro calzonazos perrillo faldero de cuanto su mujer decía.

Así, la casa donde vivían en el pueblo después de jubilarse, la heredó la "hija". La pasta que habían ahorrado, cuando la palmó y antes según él, la comenzó a manejar y reducir, el hijo de la "hija". Cuando murió la mártir, ya viuda, el dinero se esfumó entre las manos de estos guripas desaprensivos. Y él, estando en el hospital, a punto de morir, no quería compañía por las noches pues costaba 15.000 pelas. Hay que estar embotado.

Serafín, me cuenta que está a punto de explotar. Que cada vez que las "pasas arrugadas" ponen a los hombres a caer de un burro, la ira se apodera de él. Porque hay que tener cara dura para amargarle la vida a un hombre, y encima llamarlo loco. O machista, o maltratador, o ......

Este pobre hombre, nunca le ha puesto la mano encima (aunque a veces se arrepiente). Ni ha tenido amantes ni líos falderos (de lo que también se arrepiente...). Sin embargo, nunca le ha ayudado nadie con su mártir; ni a superar los traumas que han supuesto la sobredosis de pastillas o la negatividad contínua y cotidiana entre otras alegrías.

Muchas historias que hacen de su vida un infierno. Pero que claro, él debe ser fuerte, soportar todo, incluso el miedo a que un día, en una de las espantadas depresivas tan frecuentes, se lo lleve por delante. Entonces, esas pasas arrugadas callarán o, a lo sumo, dirán que habría sido a causa del maltrato a que la sometía.

Dicen que las personas maltratadas, acaban asumiendo que son culpables y merecen lo que les está pasando. Serafín me preocupa pues está cayendo en esa dinámica.