Amigos del castillo de Peracense

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miércoles, 28 de octubre de 2009

¡FELICIDADES!

Tal día como hoy, de un año del pasado siglo, por la tarde mi santa comenzó a tener las señales propias que anunciaban el próximo alumbramiento. Llamé al ambulatorio solicitando asesoramiento ya que éramos primerizos. Alrededor de las dos de la mañana, nos fuimos hacia Maternidad. Sobre las 8, ya me comunicaron que todo se había resuelto satisfactoriamente y que ya era ¡Padre! de una niña.

Cuando me permitieron subir a la habitación, la madre aún estaba bajo los efectos de la anestesia y mi hija chupándose un dedo. Carita redonda y despejada. Si los bebés están normalmente con los ojos cerrados, la beba parecía querer enterarse rápidamente de todo cuanto a su alrededor ocurría. Tenía los grandes ojos abiertos como platos ¡recién nacida!.

Ya en casa, la criatura me daba las noches (y a su madre). No paraba de llorar. Y tenía razón la pobrecica. Pasaba más hambre que un caracol en un espejo. La leche materna no le alimentaba. Hasta que lo descubrimos (mi madre le dió unas sopas) y le dimos biberón. Antes de irse sola, le compramos un taca con el cual iba por la casa a una velocidad que para si la quisiera el asturianín. Lo mismo palante que patrás.

Era terriblemente curiosa y no podía dejarse nada al alcance de sus manos. Como decía mi abuela, "todo lo que ven sus ojos, lo tienen que tocar sus manos, cuchamandrera". Un día, le vació a su madre una botella de aceite en la cocina. Estando en el cochecito, comenzó a moverlo hasta que lo volcó hacia adelante. ¡Creí que se había matado!. Otro se encaramó a la mesa de la cocina y la tumbó y plegó; milagrosamente tampoco le pasó nada. Cuando empapelé el pasillo, hube de llevarla con mi madre porque no me la podía quitar de enmedio y no paraba de darse culadas al pisar la cola de pegar el papel.

A pesar de tenerla cerca, cuando veo sus fotos de aquellos años, siento una tremenda nostalgia y a veces, no puedo reprimir las lágrimas. Tampoco puedo ver películas que me la recuerden (sobre todo si las niñas sufren). No sé porqué puede ocurrirme esto. ¿Quizá de cuando estuvo ingresada en el infantil (tenía fiebre alta y no sabíamos de qué; hasta que el sarampión le "explotó") y solo podía verla a través de unas cristaleras con la consiguiente desesperación de padres y criaturas?. Lo que yo daría por poder revivir aquellos años.........Hoy, solo puedo desearte felicidades y decirte que: solo vivo por si alguna vez me necesitas. Mañana, te daré un abrazo.

Tu padre.

enviado viernes, 27 de octubre de 2006 11:45 por WARRIORV