Amigos del castillo de Peracense

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martes, 20 de abril de 2010

Triste final




Carbonero

Suave y peludo como Platero, era el juguete de los niños. Todos querían montar en el. Bueno que los subieran, pues ellos no eran capaces por sí mismos
Ricardo, era un niño valenciano cuya madre era oriunda del pueblo y todos los veranos, cuando el sol apretaba de firme en Levante, subían al pueblo a veranear. El niño, era un fan incondicional del burro. “Yo quielo montal a Calbonelo”. Y claro, ambos eran el juguete común. El dueño, tío de su madre y además, esos días vivían en su casa
Una mañana, el niño comenzó a dar saltos espasmódicos en la cama. Fiebre alta y sin sentido. El médico fue llamado con urgencia y lo mandó a Teruel. Nada pudo hacer la medicina por él: una infección de Tétanos se lo llevó por delante
Quizá el dulce Carbonero, sin saberlo, fue el vehículo empleado por la maldita enfermedad para llevárselo. Era mi primo

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