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sábado, 10 de julio de 2010

Carta a un medico



Señor don Roque Ruibarbo:

Perdone que le moleste
hiciéndole una consulta,
pero hi visto en los papeles
que hoy dia es usté un medico
de los que más bulla meten
y me decido á escrebile
cuésteme lo que me cueste,
pues hace una temporada
no sé lo que me sucede
que aunque precuro cuídame
estoy malo cuasi siempre,
pues me mi quedao en los güesos
y noto un dolor tan juerte
alredor de los riñones,
que paice como si hubiesen
salido del campo-santo
mis dos primeras mujeres
y se hubián güelto rabiosas
y me clavaran los dientes.

Por las noches, me dispierto
asustao, más de cien veces,
y en cuanto acierto á dormíme
prencipio á soñar con gente
del otro mundo, con riñas,
con murciagálos, con duendes,
con ahorcaos y con mi suegra
que es igual que una sirpiente.

A lo mejor, siento un ruido
tan grande, junto á las sienes,
que me preduce un efecto
igual, que si me estuviese
pasando un tren-mercancías
á lo largo de la frente.

En cuanto como una miaja,
tó el cuerpo se me regüelve
y me entran unos gomítos
tan agrios, que si no juese
por que soy hombre, creería
que estaba de cuatro meses.

Me repuna el beber agua, mire usté
y al alcalde de Pinseque
le tengo un asco tan grande
que en cuanto que viene á véme
me entran ganas de insultalo
y de empréndelo á Cachetes.

Cuando voy á andar, las piernas
se niegan á sostenéme
y pa dar un paso, tengo
que agárrame á las paredes
y aún así, por muy despacio
que ande, me caigo cien veces
y me dan güéltas las calles
los arboles y la gente
y echo á gritar como un loco
y reniego de mi suerte
y á tó el que pasa, lo insulto
echándolas de valiente
y se me rien los chicos
y la faja se me pierde
y en cuanto veo á una moza,
me olvido completamente
de que me casé pa Otubre
con una de Calaceite,
y le pido rilaciones
y le digo mil sandeces.

En fin, que estoy aburrido
de ver lo que me sucede
y, quiero que usté me diga
lo que tengo y me recete
tó aquello que se le ocurra
y tenga por conveniente,
pues el medico del pueblo
me paece que no lo intiende,
pues cuando me entra la murria,
solo manda que me acuesten
y que me den amoniaco
y que no beba aguardiente
cuando esta es la única cosa
que me pone un poco alegre.

Ya me dirá usté, don Roque,
en cuanto que me conteste,
lo que tengo que abonale
por la consulta y si cree
que es necesario que vaya
allí, pa reconecéme,
haré un esjuerzo y el lunes
ú el martes, bajaré á vele
con mi mujer y mi chica
que andan, tamién, dende el jueves
mal timpladas, aunque creo
que el mal de que ellas padecen
se cura en cinco menutos
con una vara bien juerte.

Y ná más por hoy. Disponga
de su amigo que le quiere
y que le dá muchas gracias
por tó

Celidonio Peres



Post Nº:470

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