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sábado, 7 de agosto de 2010

VÍCTIMAS y víctimas

Una tarde de lunes del pasado mes. Tertulia de políticos. Gemma Nierga entrevista en directo al conxelleiro de medio ambiente de la Xunta. Los políticos, le hacen preguntas sobre una planta de regasificación a la que se oponen todos los vecinos de los alrededores.

Esta entrevista, me trajo a la mente una tragedia que viví muy de cerca en el año ¿76?. Era el 24 de Junio, san Juan. La empresa en la que trabajaba se dedicaba a la manufactura papelera entre otras cosas. Localidad: Utebo, Zaragoza.

Justo al lado, cruzar la calle, existía una planta de gas butano con unos depósitos esféricos enormes y muchos más en tubo que de haber explotado, estas líneas jamás hubieran sido escritas.

Eran varias naves dedicadas cada una de ellas a un menester. La más cercana al gas, dándole los últimos toques para utilizarla. A las dos en punto de la tarde, parábamos a comer la gente de taller. A las 2 y 2 minutos, cuando nos estábamos lavando, se escuchó una terrible explosión. A través del techo transparente, vimos al cielo teñirse de rojo. Desconcierto. En un principio pensé en las botellas de acetileno empleadas en la nave en construcción. A los pocos segundos, otro pepinazo inmenso. ¡¡EL BUTANO!!. Echamos a correr hacia la puerta de la nave, la más lejana por más segura. Al llegar a la calle, las hierbas estaban ardiendo. Casi todos seguimos corriendo, de culo al fuego, por la carretera hacia Zaragoza. Fernando Subirón, le echó agallas y se quedó auxiliando y ayudando. Una inmensa columna de humo se elevaba hacia el cielo hasta nublar el sol.

Los bomberos, a refrigerar los depósitos para evitar una deflagración en cadena. Fué un camión cisterna de los que acudían a cargar o descargar el que explotó. Su depósito quedó como una plancha. Nuestra nave, la nueva, un boquete en la pared de 10 metros de diámetro y sin techo.

Y 11 vidas, quizá más, segadas en unos segundos. La chicas de nuestra empresa que relevaban a las 2y30, allí quedaron, en la calle, unas carbonizadas, -asadas literalmente-, y otras, aunque sobrevivieron, eran las quemaduras de tal grado, que no pudieron superarlo.

Fue terrible y espeluznante el espetáculo que dejó el maldito gas. Seis o siete compañeras muertas. El resto, de la planta del butano. La realidad es que nunca se supo las víctimas totales habidas.

Cuando tras realizar el funeral en la iglesia los féretros eran portados al cementerio, se produjeron momentos de crispación con la guardia civil, que pretendía reprimir el dolor y la emoción contenidas de la gente. Hasta que el alcalde se plantó y mandó a los civiles retirarse: "aquí mando yo, y lo menos que se merecen las víctimas y sus familias y amigos es poder expresar su dolor y su impotencia y su rabía".

Por la tarde, tras el sepelio, volví a las naves con otros compañeros. El sentimiento que me produjo ver a los guardias, metralleta en mano, impidiendo el acercamiento a cualquiera que lo deseara - con la posibilidad cierta de engrosar la lista de víctimas-, a pesar de los años pasados aún no lo he logrado digerir.

Hoy, las naves siguen cumpliendo su función. El solar donde estuvo ubicada la planta butanera, como no, lleno de adosados. Nada hay que recuerde la tragedia que allí ocurrió y que muchas personas murieron, por culpa de los que solo miran sus espurios intereses y no el bien común. Hay víctimas y víctimas.

Mi emocionado recuerdo para Mª Carmen (aún se me saltan las lágrimas recordando su pregunta: ¿qué me ha pasado?) y las otras compañeras, flores que en plena juventud, fueron segadas sin piedad del árbol de la vida. También para la que, no recordando su nombre, quedó sin vida en la mediana de la autovía. Aunque no os hagan monumentos ni recuerden vuestro aniversario, en algún lugar, siempre queda un hueco en memoria vuestra.

enviado jueves, 13 de diciembre de 2007 15:20 por WARRIORV

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