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miércoles, 15 de diciembre de 2010

La traición de la sartén

La tortilla devenida en revuelto. Una historia doméstica


Decidida a probar una nueva receta, ingresé a la cocina. Era todo entusiasmo. Allí me esperaban chauchas turgentes, espinacas tiernitas, arvejas perfectamente redondas, hermosos puerros y zuchinis de la huerta. Batí los huevos con esmero, condimenté con amor y revolví pensando en la hermosa tortilla que ofrecería a mi familia. No era una tortilla de papas común, habitual en nuestra mesa. Era una tortilla verde, que jamás había pasado por mis laboriosas manitos. Cuando la mezcla estuvo lista, con sumo cuidado la vertí en mi sartén, aquella que acompañó momentos de gloria con otras tortillas e infinitas recetas. Lucía como siempre, negra, adusta, pero generosa en recibir la tibia mezcla de huevos y vegetales. Creo que no le gustó el color del contenido, tal vez es reticente a los cambios, no lo se. Es difícil entender la psicología de una sartén. Quizás debí haberle contado que atravesaríamos juntas un nuevo desafío, no lo hice. Una lástima. La moví con dulzura sobre el fuego que la abrigaba, hasta creo que le hablé, pero no recuderdo qué le dije. Siempre la quise, me acompaña hace tiempo, es buena aliada, o debería decir lo era? Cuando consideré que mi flamante tortilla estaba lista para ser dada vuelta, vi con horror la mayor de las traiciones: egoista y posesiva, la sarten había adherido a sus paredes toda la mezcla. Intenté converserla, no hubo caso. Mis hermosos vegetales yacían pegados a la sarten como abrazados a un rencor, diría el tango. No entendió razones. No me di por vencida, vacié el contenido, lavé la sartén, pensando en que aquel tibio baño la haría deponer actitudes. Nada. La mezcla no quería salir de la sartén, creo que la morocha resultó muy persuasiva y la convenció de quedarse con ella. Sumida en el espanto, tomé una espátula y saqué la mezcla de prepo. Volví a colocarla, con la sarten limpia y con aceite nuevo. El mismo horror, todo era una unidad, aceite, sarten, huevos, vegetales. La muy pícara me traicionó. Lo que se suponía sería una tortilla nueva y verde, armadita y dorada, terminó siendo un revuelto de mal aspecto, aunque rico sabor, debo confesar. Hoy no se si podré dormir bien. Es evidente que mi sartén y yo no estamos pasando por un buen momento. La traición duele, hiere, lastima, aunque sea de una humilde y austera sartén negra. Fin

Fuente: Internet

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