Amigos del castillo de Peracense

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miércoles, 8 de diciembre de 2010

Madriguera

Estando tomando el sol en la terraza de mi casa en la playa, me vino a la cabeza un posible hecho real, aunque no vivido, de semejanza entre un conejo y yo. Vaya comparación ¿verdad?, bueno, tiene su lógica visto desde la situación, hipotética pero no irreal, en que me lo planteaba.

Podemos ver al señor conejo con nieve o sin ella. Pero queda como más bucólico con una buena nevada; aunque si el señor conejo pudiera leerme, lo menos pensaría ¡valiente cabrón!. Consideremos pues que ha caido un buen tajo de nieve; un palmo largo puesto de pie. Nuestro protagonista se asoma a la entrada de su madriguera y contempla con desazón el blanco y espeso manto que cubre todo. Otea el horizonte y aguza vista y oido en busca de señales enemigas de las que protegerse. Visto que no ha visto nada sospechoso, se arriesga y dá un pequeño paseo por el exterior. No es posible hallar comida y mucho menos alejarse en busca de ella pues se encontraría indefenso si algún depredador le sorprendiera y atacara.

Dadas las condiciones exteriores, opta por guarecerse de nuevo en la gazapera. Pero ha cometido un inmenso error del cual es lógico que no tenga capacidad de discernimiento para haberlo evitado. Ha dejado su impronta impresa en la nieve y no solo eso, ha meado y soltado una cagarrutas también. Ahora, localizarlo, solo es cuestión de tiempo. Presuntos no, reales y potenciales cazadores del gazapo: el hombre, las raposas y las aves rapaces. Cualquiera de ellos sabrá, viendo las huellas, que allí hay un conejo. Pero si tropieza con ellas un cazador humano, puede darse por jodido, o sea, muerto. Si lleva hurón, lo echará al agujero y punto final; si no lo lleva, hará fuego en la entrada y le hará salir con el humo, si no sale, se axfisiará. Mismo fin.

Si es una zorra, inspeccionará detenidamente todas las posibilidades y armándose de paciencia, esperará a que confiado, el conejo salga poniéndole fecha de caducidad. Una rapaz, solo tendrá posibilidad si pilla fuera al conejo en el momento que sale del agujero. Los tres depredadores a la vez es imposible que coincidan, pero cualquiera de ellos podría sorprenderlo al salir fuera, confiado o no y el fin sería idéntico en los tres casos.

Pues así me sentí yo, salvando las distancias, cuando tomaba el sol. Yo, conejo hambriento de calor, salgo a tomar el cálido sol otoñal, casi invernal, y me despatarro. Solo tengo dos depredadores que pueden actuar al unísono o solos. Las posibilidades de encuentro de ambos son escasas pero no imposibles. Uno de ellos, cual vil raposa, sabe que estás allí, te tiene observado y controlado y aprovecha esos momentos para sin darte tiempo a responder o huir, se abalanza sobre tí y te deja fuera juego. Luego se afanará en buscar en el interior aquello que ha venido a buscar. Solo si no lo encuentra, volverá a intentar que el conejo le indique donde guarda las zanahorias. En ambos casos, mal para la presa. El segundo depredador, no hará acto de presencia si no tiene la seguridad de cobrarse la pieza. Joder, en ambos casos, ser conejo no deja de ser eine grossen putaden.

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