Amigos del castillo de Peracense

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lunes, 8 de marzo de 2010

Grandes esperanzas


Tenían grandes esperanzas. Pero día a día aprendieron que tales quimeras, eran más bien escasas. Cada vez que en el campo había algún tipo de faena que él/ellos pudieran desarrollar, o cubrir la que sus hermanos estaban realizando, desaparecían de la escuela. Sobre todo, pastor. Los zafranes, el pastoreo o cualquier otra excusa, servían para alejarles de una educación que les formara cara al futuro. Serían, posiblemente, buenos labradores, pero se verían jodidos siquiera para entender las cuatro reglas y escribir su nombre.

Más tarde, cuando las cosas comenzaron a ponerse mal en el campo, lo cual no quiere decir que anteriormente estuvieran bien, -pues no sobraba de nada excepto carencias de todo tipo-, debieron sopesar otras alternativas. Había que mecanizarse pero para ello eran necesarios unos dineros de los cuales carecían y tampoco tenían hacienda como para procurarles unas cosechas capaces de amortizar esas inversiones y a la vez mantenerlos.

Familias enteras iniciaron una nueva singladura. A la capital. No importaba a cual o adonde. La diáspora, los llevó a la más cercana o a la que era capaz de absorver más inmigración. Al llegar se encontraron, la mayoría, con una sociedad desconocida y que les exigía una formación de la cual carecían por haber pasado el tiempo de educación en otros menesteres. Pasaron a desarrollar las más penosas labores o a la obra los más mayores.

Quisieron emigrar a la capital a buscarse el bollo y la mejora personal ya que la tierra no daba más de sí. Los jóvenes, tuvieron más suerte pues la creación de puestos de trabajo les permitió aprender del desarrollo del mismo. La mili, les sirvió a muchos para soltar amarras. Sin embargo, la mayoria, pagaron su carencia de formación ya que si bien eran capaces de sacar adelante una faena manual, no podían ir más allá. Como decía un mozo viejo ya en mi juventud, la redondica se le atragantaba y no digamos nada de lo demás. Y eso que trabajaba en la brigada de mantenimiento de la vía del tren minero.

Alguno hubo que no se resignó y tras realizar la jornada diaria de trabajo, las tardes las pasaba estudiando Formación Profesional, eso le sirvió para progresar en su vida laboral y/o en su empresa. Otros por contra, no pudieron, no quisieron o no supieron y cuando les llegó la hora de pasar un exámen para entrar en una empresa diferente a la que iniciaron su vida de asalariado, fueron incapaces de superarlo.

A pesar de todos los inconvenientes, algunos tuvieron suerte y entraron a trabajar en empresas donde se cobraban buenos sueldos y tuvieron años prósperos. Pero de aquellas empresas, prácticamente no ha quedado ninguna. El empresario español, a pesar de que se les llena la boca de aire cuando se echan colonia a sí mismos, la mayoría solo ha buscado el pelotazo y las empresas les han importado un huevo. Las han vendido a extranjeros sin importarles el negocio. Este lo hacían al quedarse sin ellas. Porque muchos de los compradores buscaban quedarse con el mercado y cerrarlas posteriormente. Persisten en la memoria, así como los traidores que hacían de sicarios y troyanos en las mismas. Alguno de ellos, poco lo disfrutó.

Hoy, aquellos que en los años 60 salimos de casa con grandes esperanzas, hemos quedado apartados por la rueda de la vida o vamos camino de estarlo. En mejores o peores condiciones, pero logramos sacar un proyecto de vida adelante. Lo malo es que la sociedad que dejamos a nuestros herederos, deja mucho que desear. Aunque no seamos culpables ni responsables. Ha tenido un avance regresivo. Si hasta final de los 70 dejabas un trabajo y encontrabas otro, hoy no se halla ni con un candil. Hemos hecho lo que hemos podido por nuestros hijos, pero creo que no es para sentirse orgullosos precisamente.

No deja de tener su sarcasmo que pretendan hacer de personas de 30 años aprendices y a las de 40 ya no las aceptan por mayores. Y para más inri, desean imponer la jubilación a los 67 años. No se me ocurre nada más que una revolución en la que el capitalismo, de verdad, sea exterminado dando paso al humanismo. Y la habrá. Con el tiempo la habrá. Cuando las masas no dispongan ni de aire, arrasarán con todo, como un tsunami. Aquí, nos faltó una guillotina, pero a la vista de la experiencia rusa, poca esperanza le queda al mundo. Porque Cristo, ya no se acuerda de volver y si lo hace, para volver a revivir la misma historia sin meter en cintura a todos los ladrones y explotadores del mundo, -con la cúpula de su iglesia a la cabeza-, mejor se queda en casa.

Antes éramos hijos del arado y de la tierra y luego unos analfabetos trabajadores; ahora, nuetros hijos, son unos universitarios parados. Tócate los huevos, ¿¿ y para eso hemos estado luchando una vida??. Nos han estafado, como siempre.


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