Amigos del castillo de Peracense

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sábado, 10 de julio de 2010

Francisco

"Sus padres le pusieron Francisco, como su abuelo, a sus treinta y tres años se pasea por el barrio con su camiseta de la selección española de fútbol, sus pantalones cortos, corticos, cortísimos, y sus calcetines blancos subidos al máximo, como Dios manda, como le enseñó su difunta madre y seguramente, en honor a ella. Mirando a derecha e izquierda, orgulloso, creyéndose el centro de todas las miradas, esta magnífica criatura con síndrome de down, necesitada como Einstein o Planck de un abrazo espiritual a falta del abrazo físico, se adorna con una bandera, con una camiseta, con un símbolo en busca de amor, de aceptación. Pero ha nacido en el país equivocado, es español y en España hacer gala de ello es un delito, un pecado, un defecto imperdonable... ser del PP o peor aún... ser un "facha". A mí, que me he quedado en paro, me enternece verlo orgulloso de un país que ha generado cuatro millones de parados en seis años y cuando pasa a mi lado alzo mi dedo pulgar y él me devuelve con generosidad el gesto con una impagable sonrisa de niño de cuatro años. Nadie lo ha manipulado, él persigue un sentimiento que otros tal vez no compartan, pero yo sí, y en su deficiencia mental y en mi insolvencia económica nos sentimos unidos por esa camiseta roja, por esa bandera rojigualda, importándonos un bledo los prejuicios de los demás, importándonos un bledo el resultado de la final de fútbol: Somos dos seres absolutamente libres".

Copiado del foro -columna de Trasobares- en el EPA. Tiene algo que me ha llegado y lo dejo aquí para que perdure.

Trola Nº:the last

Carta a un medico



Señor don Roque Ruibarbo:

Perdone que le moleste
hiciéndole una consulta,
pero hi visto en los papeles
que hoy dia es usté un medico
de los que más bulla meten
y me decido á escrebile
cuésteme lo que me cueste,
pues hace una temporada
no sé lo que me sucede
que aunque precuro cuídame
estoy malo cuasi siempre,
pues me mi quedao en los güesos
y noto un dolor tan juerte
alredor de los riñones,
que paice como si hubiesen
salido del campo-santo
mis dos primeras mujeres
y se hubián güelto rabiosas
y me clavaran los dientes.

Por las noches, me dispierto
asustao, más de cien veces,
y en cuanto acierto á dormíme
prencipio á soñar con gente
del otro mundo, con riñas,
con murciagálos, con duendes,
con ahorcaos y con mi suegra
que es igual que una sirpiente.

A lo mejor, siento un ruido
tan grande, junto á las sienes,
que me preduce un efecto
igual, que si me estuviese
pasando un tren-mercancías
á lo largo de la frente.

En cuanto como una miaja,
tó el cuerpo se me regüelve
y me entran unos gomítos
tan agrios, que si no juese
por que soy hombre, creería
que estaba de cuatro meses.

Me repuna el beber agua, mire usté
y al alcalde de Pinseque
le tengo un asco tan grande
que en cuanto que viene á véme
me entran ganas de insultalo
y de empréndelo á Cachetes.

Cuando voy á andar, las piernas
se niegan á sostenéme
y pa dar un paso, tengo
que agárrame á las paredes
y aún así, por muy despacio
que ande, me caigo cien veces
y me dan güéltas las calles
los arboles y la gente
y echo á gritar como un loco
y reniego de mi suerte
y á tó el que pasa, lo insulto
echándolas de valiente
y se me rien los chicos
y la faja se me pierde
y en cuanto veo á una moza,
me olvido completamente
de que me casé pa Otubre
con una de Calaceite,
y le pido rilaciones
y le digo mil sandeces.

En fin, que estoy aburrido
de ver lo que me sucede
y, quiero que usté me diga
lo que tengo y me recete
tó aquello que se le ocurra
y tenga por conveniente,
pues el medico del pueblo
me paece que no lo intiende,
pues cuando me entra la murria,
solo manda que me acuesten
y que me den amoniaco
y que no beba aguardiente
cuando esta es la única cosa
que me pone un poco alegre.

Ya me dirá usté, don Roque,
en cuanto que me conteste,
lo que tengo que abonale
por la consulta y si cree
que es necesario que vaya
allí, pa reconecéme,
haré un esjuerzo y el lunes
ú el martes, bajaré á vele
con mi mujer y mi chica
que andan, tamién, dende el jueves
mal timpladas, aunque creo
que el mal de que ellas padecen
se cura en cinco menutos
con una vara bien juerte.

Y ná más por hoy. Disponga
de su amigo que le quiere
y que le dá muchas gracias
por tó

Celidonio Peres



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