Amigos del castillo de Peracense

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lunes, 23 de agosto de 2010

Benicassim

Posted by PicasaLes Barraques, entonces. Caminos de tierra.
http://restaurantelesbarraques.com/

A veces, basta un estímulo inesperado para rescatar de nuestra memoria recuerdos y vivencias que teníamos olvidados y dormidos. Me ocurrió al leer a una bloggera que decía ser de esta población, pero me olvidé del tema. Con posterioridad volví a caer, no sé porqué motivo, por el mismo blog, criticando  de paso a un dibujante que ella admiraba. Resultó ser tío suyo y era viejo conocido mío de trabajo. Dicen que Dios escribe con reglones torcidos,  ¡koño! en internet te puedes llevar muchas soropresas.

Darían, están dando,  para más de un post mis recuerdos allí. Llegué tras una rocambolasca contratación al terminar mi estancia en la guerra. Creo que en algún post mencioné a mi amigo Germán el cual hizo el periplo tras mis huellas y me arrastró hasta el negocio que compartía con su hermano Enrique. Allí conocí al que sería dueño de Les Barraques, Viçent, el cual trabajaba de camarero. El recuerdo más claro suyo que tengo es viéndolo terminar la sopa de pescado que le sobraba tras acabar de servir a los clientes. ¡Cómo le gustaba al jodido!.

Al año siguiente abrió el paellero, Les Barraques, también restaurante. Las paellas se compartían, había trabajo para todos; la mayor responsabilidad de las mismas recaía sobre una oronda cuñada suya que, en su casa, tenía de todo. ¡Koño! pero en su casa. A veces hube de pararle los pies para que no se me montara en la chepa, yo era el jefe. La leña, el fuego a las paellas, la administraba su marido, Pepe. Sin embargo el humo, lo compartíamos todos como buenos hermanos. Lloré por todos los amores y desamores sufridos en esta vida y las posteriores (de las anteriores no macuerdo). Visitar la web, hay fotos interesantes casi de mi época.

La chimenea no tenía tiro y todo el humo rebosaba. Cuando venían los indios, alli volaban las sartenes y lo que hiciera falta. Mari Carmen su mujer y la abuelica madre de ella, a la que dediqué un post, huían despavoridas como si el maligno se hubiera escapado del averno.  Eran buena gente, trabajadores del campo reconvertidos, como la mayoría.

Siempre había alguna cuadrilla de estos del gorrito de capitán de fragata, madrileños mayormente, que los muy kabrones venían a las once de la noche pidiendo una paella. Cuando estabas ya hasta los huevos de paellas y clientes.

Debió ser cosa de los años pues compré un disco de John Dummer llamado Nine by Nine el cual acabé regalando a una nena que me gustaba (como siempre, sin opciones). Y también me compré un seat 850 coupé, CS-46357, sin tener ni perras ni carnet. Una calamidad. No volví a trabajar en la hostelería cuando acabé la temporada allí. Simultaneé estudio y trabajo iniciando una nueva singladura. Seguro que hoy está todo desconocido, mas entonces la avenida, era no más que un camino de tierra.

Muchos recuerdos. Hasta volví una vez con mi familia de camping. No encontré plaza en ninguno excepto en uno destartalado camino del Grao de Castellón. Aguanté dos días y me volví despavorido al pueblo, a la sierra. Nunca he pasado tanto calor y angustia como esos días.

Seguro que la chica, ahora, no me gustaría, pero me sigue fascinando la canción escuchada en la disco Saxo.

John dummer nine by nine mp4
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