Amigos del castillo de Peracense

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martes, 28 de septiembre de 2010

Hay razones para el rechazo y para la protesta frente a la Reforma Laboral

La huelga como ejercicio de un derecho democrático es algo incuestionable, a pesar del clamor que, en algunos territorios mediáticos, insiste en su descalificación. Un ejercicio que en este caso hace frente a una reforma de la legislación laboral que reúne una serie de modificaciones que, sin afectar de forma positiva, en mi opinión, a la economía española en general, interfiere negativamente en los intereses de los asalariados en su conjunto.

Pensando en los posibles efectos de dicha reforma legislativa producirá, creo se la puede calificar de inútil, ineficaz e ineficiente e injusta, a lo que también podríamos añadir el último atributo de inoportuna.

Es inútil, porque ante la obligación de las autoridades económicas en este momento, tal cual es promover una salida lo más rápida e intensa posible de la crisis actual que estamos atravesando, una reforma laboral es inoperante a tales efectos. Son muchos los economistas que venimos señalando que los problemas de la crisis están en la demanda agregada, que no estamos ante un crisis de oferta. El gobierno del Presidente Rodriguez Zapatero, se podía haber evitado el coste político que tal reforma conlleva frente a su electorado, más abundante entre los asalariados. No es una cuestión de una aparente "valentía" del gobierno, que se enfrentaría así a su propio electorado en bien del país, sino de un error de interpretación y de cálculo.

Será una una reforma ineficaz e ineficiente, al no alcanzar los objetivos que pregona en su propio preámbulo, de incrementar el volumen de empleo y reducir los niveles de temporalidad. Contradictoriamente con la política de ajuste del gasto público (indemnizaciones a cargo del FOGASA, etc.), la reforma expande los mismos sin posibilidad de alcanzar objetivos en materia de empleo o reducción de la dualidad del mercado significativos. Es de hecho una reforma injusta, puesto que contribuye a una distribución muy desigual de los costes que se asumen para salir de la crisis; la carga monetaria sobre el conjunto de los trabajadores que conlleva esta reforma será bastante superior a la recaudación esperada por la subida del tipo marginal del IRPF para las rentas más altas, por ejemplo.

Y al mismo tiempo, ha resultado una reforma, desde el plano del Diálogo Social, enormemente inoportuna. El propio anuncio de la reforma por el Gobierno fue el detonante de la parálisis del diálogo a escala del Estado, que había cosechado un acuerdo destacable en febrero de este año, para la negociación colectiva en el periodo 2010-2012. El problema a futuro es importante pues cuestiona la propia aplicación de la Reforma, al menos en los contenidos que han de pasar necesariamente por el acuerdo ulterior de los interlocutores sociales. En este sentido contamos con la experiencia de la reforma unilateral de la reforma del año 1994. Y al diálogo social, que ha sido transcendente para la economía española en el pasado, aún le quedan actuaciones singulares para el futuro. La modificación en profundidad de la regulación de la negociación colectiva, que esta reforma solo aborda parcialmente y, en mi opinión, en la dirección equivocada, si ha de ser a través de la concertación social, está tocada a esperar por un tiempo, hasta que se recompongan los puentes.

En este contexto, la Reforma Laboral parece más bien un ejercicio de yoga, relajante para aplacar la furia de los mercados financieros, quienes tras su puesta en marcha, dejarían de marcar con su dedo acusador las deficiencias de la economía española. Ejercicio para ingenuos. Hay pues razones para oponerse a una reforma inútil, ineficaz, ineficiente, injusta a la vez que inoportuna, a través de los mecanismos que la legislación confiere a los trabajadores como arma en defensa de sus derechos, que en este caso afectan de modo directo o indirecto a la gran mayoría de los ciudadanos. Y hay, en este sentido esperanza de que el Gobierno atienda a las razones de los trabajadores en huelga y rectifique.

Santos M. Ruesga es Catedrático de Economía Aplicada en la Universidad Autónoma de Madrid

Manifiesto por una Huelga General de trabajadores

Manifiesto por una Huelga General de trabajadores, estudiantes y consumidores el 29 de septiembre de 2010

Iniciativa espontánea popular...
...Frente a la violación de nuestros derechos fundamentales.
...Frente a la pasividad de los principales sindicatos y asociaciones.
...Frente a la ineficacia, corrupción y populismo de los partidos políticos.
Nosotros. Estudiantes y trabajadores, la generación más preparada de la historia de España.
Se nos educó para formarnos, para estudiar duro, para competir y llegar a ser excelentes profesionales sin que nadie nos regalase nada. Nuestros padres nos alentaban para ello. Sus manos callosas, la mirada ausente, el cuerpo exhausto tras cada jornada, fueron el mejor testimonio que podían darnos para que luchásemos por una vida mejor, por una vida en la que ser útiles a la sociedad nos recompensaría. Muchas fueron las dificultades, muchos los gastos que cubrir, tremendo el tiempo invertido en nuestros estudios universitarios, masters, cursos de idiomas, diplomas, prácticas sin remuneración, certificaciones, carnés de conducción.

Sin embargo hemos sido traicionados. No por nuestros padres que nos aconsejaban lo que ellos creían mejor para nosotros. No por el estudio que tanta satisfacción personal nos reportó. Sino por aquellos que copan los puestos claves de la pirámide social española. Nos tratan como a carne prescindible ofreciéndonos temporalidad, sueldos miserables e interminables jornadas laborables inconciliables con la vida familiar.

Las empresas buscan jóvenes talentos, dicen que falta mano de obra, que las universidades no forman adecuadamente, que no somos productivos. Mienten. Lo que no hay son personas que acepten sus deplorables condiciones. En el resto de Europa son tratados como verdaderos profesionales recibiendo el trato y salario justo. El problema está en el entramado empresarial español. Y en el gobierno que lo consiente y no regula la situación.

Cualquier protesta presentada frente a la administración y sindicatos es desoída. "Emprended, cread vuestra empresa" es la única respuesta que se recibe. Sin embargo todo son trabas burocráticas para cualquier joven emprendedor que no base su negocio en el modelo español del pelotazo inmobiliario, sol y playa. No tenemos avales, el estado se queda con prácticamente la mitad de lo que ganamos y no salen las cuentas para pagar el local, vehículo, proveedores. El actual sistema está diseñado para que unos pocos ya establecidos continúen acumulando riqueza, en lugar de fomentar la creación de clases medias desde familias más humildes.

En épocas de bonanza económica los beneficios se quedan en el bolsillo de unos pocos, pero en tiempos de crisis las pérdidas son socializadas. Los poderes públicos han otorgado un cheque en blanco a la banca y las grandes empresas, mientras los ciudadanos se ven afectados por el paro, la inflación y la deuda. Los gerentes que han ocasionado esta crisis se ven recompensados y los ciudadanos que más sufren la situación son marginados. Ahora es más necesario que nunca un servicio público de calidad.

Nos llaman "acomodados", pero no podemos comprar una vivienda o vivir de alquiler.
Nos llaman "mileuristas", pero muchos no llegamos siquiera a cobrar 1000€ brutos al mes.
Nos llaman "poco preparados", cuando ellos son los que ocupan puestos que sobrepasan a sus capacidades.
Nos temen. Dependen de nuestro talento y en el momento que nos rebelemos tendremos la sartén por el mango.
Exigencias

El objetivo de esta convocatoria es reclamar al gobierno y al entramado empresarial español que se cumplan las siguientes condiciones:

  • NO al recorte en gasto social. Que paguen la crisis aquellos quienes la causaron y más se beneficiaron: La banca y los especuladores.
  • Salarios europeos. El salario mínimo interprofesional en Francia asciende a 1321,02€ al mes. En España son 633,30€ mensuales.
  • Cumplir los horarios. Horas extras de carácter voluntario real, siempre de mutuo acuerdo, bien remuneradas.
  • Control estricto de la inflación y la especulación sobre bienes básicos como los alimentos y la vivienda.
  • Acabar con la precariedad y temporalidad. Los contratos de formación son para formar, no para explotar al becario.
  • Universidad pública de calidad y gratuita. No a una reforma de Bolonia que favorezca a las clases con más recursos de tiempo y dinero.
  • Reducción del IRPF a autónomos y sociedades. Agilización y simplificación de la burocracia para fomentar el autoempleo.
  • Aumento de la inversión en I+D+I. Dar prioridad a la investigación para evitar la fuga de cerebros. Renovar nuestra industria.
  • Conciliación de la vida laboral y familiar. Negociación de la jornada intensiva y las 35 horas semanales.

Estas exigencias son perfectamente asumibles y necesarias para el adecuado desarrollo del país y han de satisfacerse de modo inmediato.

Por los derechos de los actuales y futuros trabajadores,
Huelga General ¡Ahora!