miércoles, 23 de noviembre de 2011

Una Historia (imposible) de amor

Se conocieron cuando  por encargo de una amiga visitó la tienda. Su aspecto era inmejorable, precioso, de tacto suave, aterciopelado. La impresión recibida, hizo que permaneciera, imborrable, en su memoria.

Pasaron los días y los meses, mas no su recuerdo. Un día, armándose de valor, decidió volver a la boutique en su busca. Ya no estaba, le dijo el dependiente;  hacía tiempo alguien decidió gozar de su compañía y habían ocupado su lugar con otro  que parecía hermano gemelo suyo. Sin titubeos, decidió que no podía correr el mismo riesgo por segunda vez; además, el tiempo no pasa en balde.

Su primer encuentro, como ocurre a la mayoría, no fue perfecto. Los nervios y la inexperiencia en mutua compañía, hizo el resto. En silencio, decidieron que la próxima vez sería diferente. Y la siguiente, y las otras……….Poco a poco, de manera solícita, en cada unión entregaba lo mejor de sí. Su unión era perfecta, se dejaba guiar en una simbiosis gozosa intentando dar el máximo de sus posibilidades.
Como en todas las historias, había un punto débil. Las dudas empezaron a surgir, no porque  la relación en sí fallara o el mal comportamiento hubiera surgido. Si mi familia se entera, si tengo algún fallo o me ocurre algo, las consecuencias serían imprevisibles… Debían acabar su relación; esta zozobra tiene que tener fin y solo hay un modo. En silencio como siempre, se realizó su último encuentro. El más placentero ya que ambos sabían sería el último; la experiencia crea maestros. No por ello dejó de prestarse en toda su energía.

Con el orgullo de saber que su último servicio había sido cumplido a la perfección, se mostraba lozano y preparado de nuevo. A  su amante, cuando de tapadillo se deshizo de el, un profundo suspiro se le escapó de lo más profundo de su pecho. Al alejarse, comenzó a escuchar un lamento en su mente:
Como a un muñeco de falla
Me quemaste, me quemaste
Y al despuntar la mañana
Me olvidaste, me olvidaste
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