
Este año fué pródigo en acontecimientos. Buenos y malos. Perduran varios en mi memoria por su importancia. En la niñez, por las tardes sufría de dolores en las piernas que me anulaban. A consecuencia de ello y por prescripción médica, mi madre me llevó a la capital al especialista. En aquellos años, el hecho de viajar se convertía en una odisea fantástica. Recuerdo que uno de los viajes, lo hicimos con el tío Paco, en su carro, hasta Villafranca, y nos acompañaron Pilar y su madre que también venían de médicos por algo relacionado con el apéndice de la chica. A mí, me llamaban la atención los huertos que había en la estación de Caudé y Concud. La diferencia de altura se traducía en las lechugas tan lozanas que allí había en tanto que en el pueblo, todo estaba aún inactivo por el frío.
Tras los análisis de rigor, decidieron operarme las anginas. Fué con posterioridad. Entretanto, Araceli me puso unas inyecciones de calcio que aún me duele el culo cuando las recuerdo. Dolorosísimas. El día que ocurrió el crimen, me trabaron de tal forma que no me podía mover; un hombre me agarró entre sus piernas, me pusieron un aparato en la boca, me pincharon y a pesar del dolor y de chillar como un berraco, operado. Sin compasión.
Luego una purga para tirar la sangre tragada y la imposibilidad de tragar nada. Sin embargo, una nena que también operaron aquel día, por la tarde, ya estaba retozando por los pasillos. No sé que beneficio obtuve con la operación, pero ahora, la garganta, no me aguanta ni una jota. A los tres días a casa, pasando por Alba en casa de la tía Aurelia, donde ésta me hizo caldo de gallina para reponerme. Y la voz, cambió. No sé si serán reminiscencias de la operación, pero a pesar de haberme dolido mucho las muelas, no he conseguido asumir el pasar por el sillón del dentista para extraérmelas. (Aunque también hay algo de herencia genética en esto).
Sin embargo, sería al verano cuando ocurrió el hecho más importante en nuestra familia: nació mi hermana. Fué un día del mes de Julio. Por la mañana, había mucho movimiento en casa. Nació allí. Quise husmear y me echaron. (Aquel día, el abuelo Cristóbal y yo fuimos a segar centeno a Matazorras. Y otros días, a segar trigo a Zorrolabarga, donde mi padre le preguntó al abuelo, que vino por la tarde, como iba el Tour de Francia).
Tantos años solo y de repente, compañía. Porque no es lo mismo verlo desde la perspectiva actual que a esa edad. He de decir, que no recuerdo que me causara especial sobresalto el hecho. Pocos días después, el bautizo. María del Pilar. Y chocolate con picatostes. Y cantante. Mi pobre padre que tenía que madrugar para ir al 22, 24, 26, según tocara, sin pegar ojo a trabajar. Mi madre, tenía que estar levantada hasta las tantas para que él pudiera descansar. Más tarde, para mí, fué peor. Me encargaban su cuidado, lo que me limitaba la libertad de movimientos a la vez que facilitaba a los kabronazos de mis kolegas sus chanzas y cachondeos. Era y es mi hermana y debía haber venido antes. Y aunque importante para mí, imagino que yo para ella lo he sido más por razones obvias.
Al final del año, en Diciembre, (FUE EN EL 59) falleció el abuelo Manuel, padre de mi padre. El que me daba un mojón de huevo frito con unas gotas de vinagre, -que él se echaba y costumbre que yo sigo-, y que me sabían a gloria; el que me llevó a coger té a los túneles de Almohaja; que cuando se cabreaba decía: "me cagüen cristina". Esa fué la noticia mala del año en la familia. En esos días, cayeron una nevadas impresionantes que impidieron al médico venir al pueblo y que hicieron "embarrancar" a las máquinas del tren. Al abuelo Cristóbal se lo llevaron a limpiar trincheras a pala y liberar las máquinas atascadas.Y mi padre, también se puso enfermo a raíz de ellas; por culpa del frío.
Y ocurrió la guerra de Sidi-Ifni, en la cual había tres quintos del pueblo, primos hermanos, aunque afortunadamente volvieron los tres. Y la inundación de Valencia, aunque aquí, por desgracia, si murieron muchas personas, sobre todo en la Malvarrosa y El Cabañal. Y también murió la madre del maestro en los días del abuelo. A raíz de este hecho, casi dejó de pegar a sus alumnos.
enviado domingo, 08 de octubre de 2006 17:59 por WARRIORV