viernes, 22 de febrero de 2013

SI LAS PIEDRAS HABLARAN II

 
 
En esta ciudad, han ocurrido muchas cosas que los desertores del arado desconocemos. Ha sido visitando el Hospital Real Nuestra Señora de Gracia cuando he apreciado lo ignorado, que no oculto. Lo sostienen las que imagino columnas primitivas, labradas en piedra, magníficas. Durante el asedio napoleónico a la ciudad, este Hospital fue lugar donde los ejércitos hallaron reparo a sus dolencias y en el se combatió a la bayoneta siendo uno de los más brutales del cerco. Según grabados de la época, quedó el edificio muy maltrecho pero estas columnas, si pudieran hablar, nos contarían hechos y acciones desesperadas por parte de los defensores que los ignorantes del presente desconocemos.

En el silencio de las horas de obligada vigilia hospitalaria, el dolor se torna respeto al lado de esos soberbios apoyos; pegando la oreja, te transporta a aquella vorágine de fuego y sangre donde los combatientes, a la desesperada, trataban de repeler el asalto de las tropas napoleónicas en medio de los escombros del hospital casi derruido. El retumbar de los bombazos procedentes de la Puerta del Carmen y El Portillo llegan nítidos a esas columnas. En tanto esos baluartes pétreos resistan en pie, dando cobijo a las personas que allí sufren y a quienes les curan, no se rendirán los defensores mientras una de ellas se yerga orgullosa. Heroísmo compartido por aquella Comunidad  de monjas y frailes de santa Ana. La Madre Rafols, para mí solo había sido un nombre de calle de la ciudad de Zaragoza.

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