Amigos del castillo de Peracense

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domingo, 28 de septiembre de 2014

ALTA TRAICIÓN

Es una lástima que no haya un tribunal?? militar naturalmente, para juzgar por ALTA TRAICIÓN a los responsables de la venta de España y sus empresas. Y no solamente por la venta fraudulenta de empresas sino por esquilmar el patrimonio nacional y las arcas del estado en beneficio de unos pocos y perjuicio de la inmensa mayoría de la ciudadanía. Con el ex rey a la cabeza. Son tantos los desmanes cometidos y tantas las veces que han metido la mano, que me quedaría corto enumerándolas. La última clama al cielo. Después de medio hundir la costa frente a Vinaros con la plataforma gasística del Castor, ACS, propiedad en parte del mamón del presidente del Madrí, se lava las manos y se va, lo deja, pero los ciudadanos le tendremos que pagar más 1500 MM de euros. ¡¡Manda cojones!! Lo dicho, desde el actual presidente del gobierno y sus ministros y gente corrupta  que maneja el cotarro, y de forma retroactiva los anteriores gobiernos, con el inútil que le concedió esa bicoca a Florentino a la cabeza, TODOS juzgados por ALTA TRAICIÓN y pasados por la piedra hasta que no quede uno. A ver si así escarmientan los demás.
 
En una burla indecente e inmoral el ex ministro de justicia, con minúsculas, a los dos días de cesar en el cargo, ya se ha enchufado en un puticlú que se han montado en Madrid y por el cual va a cobrar, por asistir una vez al mes a una reunión, 8500€. Sí, ocho mil quinientos euros. Es para matarlos sin dejar rastro. Cuando miles de familias las están pasando muy putas, con todos los miembros sin trabajo y sin ingresos, ellos siguen a la suya, robando a manos llenas. Hay tanto chorizo que ya no queda ni trigo.

jueves, 25 de septiembre de 2014

AQUELLOS POLVOS TRAJERON ESTOS LODOS

     Si por hotel a la orilla del mar consideramos a cualquiera de los que existen en La Manga del Mar Menor, tuve la suerte de alojarme en uno de ellos en las minivacaciones más inolvidables que he disfrutado; disponía de más días pero encontrar plaza ya fue una odisea, conservarla, un imposible. Un buen día de primeros de Junio me lancé a la carretera sin haber podido conseguir una mísera o lujosa habitación en cualquier hotel de La Manga. Si no encontramos donde dormir, lo haremos en el coche, pues no sería la primera vez o quizá tal vez en un motel de carretera consigamos una cama donde dejar caer los huesos tras tantos kilómetros conduciendo. No enumeraré los hoteles porque fueron todos y aunque de algunos recuerdo su nombre, no cabe dilapidar espacio para enunciarlos: TODOS o casi. Parecíamos la Virgen y san José en busca de posada.Y siempre recibíamos la misma respuesta a nuestra petición: Podemos darle habitación pero solo para esta NOCHE. ¿Cuál era el misterio? Los hosteleros ya lo saben. Aquel día partían los clientes que habían consumido su estancia y al siguiente entraban otros. Llegamos con el coche hasta donde se podía entrar por carretera en La Manga y ya decepcionados, escépticos y de vuelta, vimos un apartotel, Los Delfines y decidimos probar suerte. Aquí nos dieron posada todo incluido ¡¡por cuatro días!! Eso sí improrrogables. He vivido en hoteles como trabajador y confieso que ser cliente, es una gozada. No voy a contar nada que no sepa quién es o ha sido hostelero. A la mañana, desayuno en el bufé. Para los golosos, lamineros y tragaldabas, el paraíso. A partir de las once, barra libre de refrescos y cualquier otra bebida. No ponían JB o Carlos I, pero eso a los ingleses o españoles nos daba igual. Con el coche llagaba hasta el final de La Manga, donde ya no se podía pasar. Había una playa con una pradera de plantas marinas y agua caliente que era una gozada. Novatos, desconocíamos los secretos que encerraba; una señora nos lo rebeló: “allí donde el agua tiene otro color, pueden recoger el barro para embadurnarse el cuerpo entero” y vaya que sí. Arcilla de color gris con la cual cubrimos toda nuestra piel visible hasta que se secó. Parecíamos a esos negros que en las películas de África salían rebozados de arcilla y mejunjes. Luego una vez seca la tierra, a lavarnos en el mar. Nunca sentí la piel tan suave como tras estos lifting y lo mejor de todo ¡¡gratis!! Un poco más alejado observé otro día a un hombre que agachado y con las manos dentro del agua, parecía buscar algo. Curioso y deseando tomar parte en el botín, comencé a imitarle. Al poco hallé contestación al misterio: estaba buscando cañadillas. Como no tenía opción con las mismas, desistí de seguir buscando, mi curiosidad estaba satisfecha. A la vuelta a mediodía y tras una ducha, un vermú fresquito antes de comer. Como las costumbres de los extranjeros respecto de las comidas, y otras cosas, son bien diferentes de las nuestras, ellos estaban esperando abrieran el comedor, nosotros siempre sin prisa. (Me tocó alguna vez en Benicassim, harto de paellas y de clientes, preparar una paella para unos madrileños (me guardaré el epíteto) a las 11 y media de la noche). Tras comer, los foranos, se pegaban unos lingotazos de coñá que a mí me hubieran tumbado. Y lo que nunca se me olvidará ocurría tras la cena. Había animación, música etc. para los clientes; y éstos venidos de fuera, Luton en especial, acudían al sarao de punta en blanco. Una pareja muy mayor llamó mi atención: ella como un pincel, con traje de baile de salón y él sin desmerecer. Marcaba el hombre los pasos y hacia unas revueltas y unos giros con la cabeza que me dejaron  fascinado, por la edad y por cómo se lo trabajaban. Hoteles llenos de personas mayores que (en algunos casos) quizá su prioridad no fuera el agua, pero con su estancia lograba mantener abiertos los establecimientos, algo esencial para los mismos.

Enviado al mismo hotel

domingo, 14 de septiembre de 2014

jueves, 11 de septiembre de 2014

HISTORIAS DE HOTEL

Porque un hotel es un mundo en el que hay muchos líos, celos competenciales, profesionales, amorosos…. Y no hablemos de los que ocurren en las bedrooms. Eso ni tocarlo. A Ceferino lo llevaron de holgazanear en el pueblo –es un decir- a hacer caracolas de mantequilla para los desayunos del hotel Oriente, eso cuando salían. La conclusión vital que obtuvo de vivaquear por los restaurantes y hoteles fue que en la cocina había mucha fanfarria y demasiados trucos, como en los circos. Títulos grandilocuentes que todavía persisten y que heredados de la cocina francesa parecen aumentar la “grandeur” de la misma olvidando que aquí llamamos al pan y al vino, vino, aunque no siempre que también somos herederos del Lazarillo de Tormes y sabemos dar gato por liebre. La primera vez que vio una tortilla a las finas hierbas se quedó patidifuso: tortilla francesa con perejil picado, toma yaaa. O consomé Royal, ahí es nada. Recuerda el chiste del cómico: “¿Y eso cómo se toma?” “Con un huevo dentro” “Joder qué postura”. Pero claro, a cierta clientela le va más la rimbombancia y la fantasía que llamarles a las cosas por su nombre. A Cefe le han ocurrido infinidad de cosas en un hotel de ciudad o a pie de playa. Claro que igual quieren una historia real en la que el jefe de cocina, cuchillo carnicero en mano, corra por los pasillos al maître o al director….No será él quien haga sangre del asunto, que bastante quedó por el suelo del  comedor tras la discusión (eso sí, de un conejo vivo que en aquel momento enarbolaba el cocinero mayor). Todo por unos langostinos de sant Carles de la Rápita que el jefe de cocina tenía interés en sacar fuera porque estaban aprendiendo cante jondo y al jefe de comedor no le pasó por el ombligo ofrecerlos por ese mismo motivo. La que se armó fue homérica; ni el director podía implantar un mínimo de orden y cordura. Tras amenazarlos con el despido fulminante las aguas volvieron a su cauce, pero eso sí, el metrotel, procuraba mantenerse lo más alejado posible de la cocina, sobre todo cuando el chef enarbolaba aquella Tizona. La verdad es que el problema no fueron los langostinos ni el conejo, aunque el pobre pagó el pato del desencuentro. Como era de prever, tenía faldas. Si ya sé que dirán que si tal que si cual, pero la verdad no tiene más que un camino; como decían los griegos, lo diga Agamenón o su porquero. La cosa tuvo su gracia pues ambos si querían chupar algo, tenía que ser alguna cabeza de gamba pues la interfecta… se lo montaba con el mozo de la piscina que no veas, le hacía el boca a boca hasta dejarlo sin respiración. Cefe está convencido de que quienes realmente mejor lo pasan son los botones y los pinches de cocina a pesar de su experiencia negativa como segundo afectado. En una ocasión le entregaron un pavo y se le escapó hacia el comedor donde armó tal revuelo y estropicio entre la vajilla y la clientela que aquello se convirtió en una auténtica caza del pavo olvidando, todos, las composturas debidas. El bicho, sin parar de decir glugluglu, alcanzó una ventana y salió volando al exterior con tan buena o mala suerte que fue a parar a manos de una cuadrilla de hippies los cuales montaron raudos en su destartalado vehículo poniendo pies en polvorosa. En Peñíscola ¡¡hace 48 años!! participó en la inauguración de un hotel de cuatro estrellas, Hostería del Mar, del cual solo conserva buenos recuerdos. El personal vivió y ocupó las habitaciones hasta el momento de su apertura; la juventud de la mayoría excepto el director y el jefe de cocina, excelente cocinero y mejor persona, no fue óbice para sacar adelante una tarea que se presumía ardua pues en aquellos años la colonización de la costa entre Peñíscola y Benicarló era inexistente. El jefe de cocina señor Romea, libraría a la panda de más de un lío con la guardia civil, celosa de que nadie sacara los pies del tiesto. Cefe, que era de secano, no sabía nadar y una noche casi se ahoga en la piscina del hotel, vacío todavía de clientes. Uno de los cocineros, su salvador, tenía novia y estaba a punto de casarse. ¡Ja! un furibundo ataque de Cupido, más bien de una camarera, mandó a la novia a buscar nueva pareja; andaban comiéndose a besos a todas horas, fue fulminante. Una noche en la playa una compañera le pidió la llevara en brazos al hotel. Solo el Mediterráneo y la Luna fueron testigos del nacimiento al amor de Cefe. Anécdotas, muchas, que son historia. ¡Hasta fue cocinero de generales y ministros en Valencia! Donde una noche abandonando la guardia “tomaron” Cullera. Si llega a aparecer por allí La Mejillona, sargento de la PA de la base de Manises…todos al paredón. Pero llega Septiembre y las playas antes llenas de gente variopinta y bullanguera, son invadidas por nostalgias de los días pasados y la gota fría barre a los últimos irreductibles invasores y alguna lágrima rebelde…. 

miércoles, 10 de septiembre de 2014

Me jode un huevo traerlo aquí

Hoy ha muerto el mayor depredador y defraudador de España. Los de su camada y su calaña, se desharán en elogios y lamentos, pero no escucharán los de toda la gente arruinada por este lobo. Su banco no habrá dejado de embargar y desahuciar. Menos mal que a quienes la justicia humana -con minúsculas- exonera de sus delitos, la justicia natural, inexorable, los hace pasar por el mismo aro sin que quepan gobiernos corruptos que le hagan el trabajo sucio.

lunes, 8 de septiembre de 2014

NOCHE LARGA

Acabado el tiempo del aperitivo, que no los pinchitos y el pata negra pues sobró la mitad, pasamos al salón comedor. Vaya sorpresa nos deparaba la cuadrilla: al más puro estilo de ballet moderno y perfectamente conjuntados en los pasos, giros etc. y aderezado con el humo blanco de los escenarios, nos hicieron los novios una exhibición del Grease de John Travolta y Olivia Newton Jones, seguida a continuación del ballet acompañante, incluidas mi nieta y la hija del reverendo, para alucinar de bien que lo hicieron, una pasada. Luego le cantarían el cumpleaños feliz a un amigo invitado. La cena, suave, regada con vinos blanco y tinto de bodegas Enate. La merluza la comí entera, la ración se entiende, y la ternera asada a pesar de lo bien que olía y sabía, ya fue imposible acabarla. Helado de postre y no lamí el plato porque hubiera quedado mal. Cava, licores y café aderezado con los regalos de los padrinos. Los puros Romeo y Julieta tuvieron éxito entre algunos fumadores, Hubo quien se fumó cuatro; incluida la novia de mi sobrino que fuma como un carretero y él que no fuma también le dió fuego al suyo. Hasta yo dí unas caladas para posar en una foto.

Acabada la cena, música a barullo hasta las cinco de la mañana: Que desmadre; como allí solo molestan a las liebres si hay alguna, leña al mono. Y mojitos servidos por un moreno que picaba la hierba en un mortero y seguía el ritual; gintonic en el bar de dentro. Barra libre a tutiplen. Hasta que el cuerpo aguante. Como el mío está hecho una piltrafa, pues siempre tengo que ir con miramientos de no comer demasiado, no beber casi nada y si me paso, lo pago. Así que la noche transcurrió sin sorpresas. Bailoteando dentro de mis posibilidades o haciendo el ganso. Y para terminar, recena. Meca, bocaditos, embutidos, bebidas y chocolate. No probé nada en previsión de no hacer la cabra a destiempo. A las seis menos cinco, en la cama, contentos y felices. Una etapa más consumida. Aunque el domingo amanecí de malas maneras y eso que procuré no pasarme en nada. Y es que de donde no hay, no se puede sacar.

Ahora tenemos a los nuevos esposos por la tierra de los thais y aluego piensan ir a la polinesia. No puedo censurarlos aunque yo no iría. El miedo a tanto fracaso me tiene en vilo..... y el lunes la cogí llorona. Todavía no tengo claro si la boda fue en Aragón o en Galicia, ni una mísera jota aragonesa se escuchó durante toda la celebración.

DÍA GRANDE

El día 6 fue un día grande para toda la familia y especial para mi hija pequeña: se casó. Querían algo diferente y en verdad que lo fue. Los puñeteros hicieron todo a su aire, ayudados por su hermana que estoy seguro puso si no más, tanto interés como ellos en que todo resultara a lo grande. Hasta el día nos acompañó pues ayer, día 7, cayeron más de 60 litros en la Hoya de Huesca. No solo nos hubiera hecho la pascua sino la semana santa al completo; aunque nos habría librado del batallón de mosquitos que sin piedad, asolaron piernas y brazos a las invitadas sobre todo, sin olvidar a los hombres que se quejaban de que a través del pantalón los estaban asaeteando. Y es que tiene su explicación: en el jardín del Castillo de san Luis, restaurante donde se sirvió el ágape nupcial, nos sirvieron unos aperitivos antes de la cena que ya firmaríamos la mayoría para disponer de ellos todos los días e ir más que satisfechos a dormir.

Pero vamos a empezar por donde se debe, por el principio. Como habían de coordinarse los novios para ir en orden de llegada, problemas con el autobús de invitados, malentendidos a través de wasap y otras menudencias, nos tuvieron a la novia, las damitas de honor y al padrino haciendo una turné por las afueras de la ciudad e incluso hubimos de tener unos minutos de espera en una sombra para hacer tiempo; parecía aquello novia a la fuga. Menos mal que el Crispi, chófer y yerno, no se perdió; al fin llegamos con un retraso de más de media hora pero no por nuestra culpa.

La llegada como en todas las bodas, apoteósica y bajando unas escaleras hasta la capilla de la ceremonia precedido por el novio y la madrina. Excepto por el calor que hacía, aquello resultó de lo más agradable y divertido. Habían elegido como maestro de ceremonias al reverendo Juan. Una sorpresa y un acierto. Hizo un repaso existencial de ambos esposos, ya marido y mujer, con toques de humor que de vez en cuando hacían sonreír y a veces reír sin comedimiento a los asistentes. Cómo se lo curró para pergeñar aquel discurso bañado de anécdotas y retazos de música. Gracias Juan por tu colaboración y esfuerzo. Las palabras cariñosas no exentas de humor de las hermanas de los novios, levantaron las carcajadas y aplausos de los presentes. Y una gran ovación final para el maestro de ceremonias, reverendo Juan. (Y puñetero, si algún día dejo la cancela abierta y te cuelas, deja alguna señal de que has estado aunque lo escrito carezca de interés). 

Del aperitivo que siguió, que voy a contar. Malimpiau lo que sobró, que como me dijo el cortador de jamón "si viera la cantidad de comida que tiramos a la mañana...." Había de tó de comer y de beber; yo me senté en una mesa junto al pata negra y me puse las botas de comer los filetitos que el cortador dejaba en un plato y las rebanadas de pan tumaca para acompañarlo. Pero dejé de comer de casi todo, no porque me hubiese puesto morao del pata negra, sino porque había tanto y tan bueno que era imposible probarlo todo; había que dejar un pequeño hueco para la cena, que con buen criterio, los novios habían preparado suave y no tan pantagruélica como estamos acostumbrados en estas ceremonias.