Amigos del castillo de Peracense

https://www.facebook.com/amigosdelcastillodeperacense/

lunes, 8 de septiembre de 2014

NOCHE LARGA

Acabado el tiempo del aperitivo, que no los pinchitos y el pata negra pues sobró la mitad, pasamos al salón comedor. Vaya sorpresa nos deparaba la cuadrilla: al más puro estilo de ballet moderno y perfectamente conjuntados en los pasos, giros etc. y aderezado con el humo blanco de los escenarios, nos hicieron los novios una exhibición del Grease de John Travolta y Olivia Newton Jones, seguida a continuación del ballet acompañante, incluidas mi nieta y la hija del reverendo, para alucinar de bien que lo hicieron, una pasada. Luego le cantarían el cumpleaños feliz a un amigo invitado. La cena, suave, regada con vinos blanco y tinto de bodegas Enate. La merluza la comí entera, la ración se entiende, y la ternera asada a pesar de lo bien que olía y sabía, ya fue imposible acabarla. Helado de postre y no lamí el plato porque hubiera quedado mal. Cava, licores y café aderezado con los regalos de los padrinos. Los puros Romeo y Julieta tuvieron éxito entre algunos fumadores, Hubo quien se fumó cuatro; incluida la novia de mi sobrino que fuma como un carretero y él que no fuma también le dió fuego al suyo. Hasta yo dí unas caladas para posar en una foto.

Acabada la cena, música a barullo hasta las cinco de la mañana: Que desmadre; como allí solo molestan a las liebres si hay alguna, leña al mono. Y mojitos servidos por un moreno que picaba la hierba en un mortero y seguía el ritual; gintonic en el bar de dentro. Barra libre a tutiplen. Hasta que el cuerpo aguante. Como el mío está hecho una piltrafa, pues siempre tengo que ir con miramientos de no comer demasiado, no beber casi nada y si me paso, lo pago. Así que la noche transcurrió sin sorpresas. Bailoteando dentro de mis posibilidades o haciendo el ganso. Y para terminar, recena. Meca, bocaditos, embutidos, bebidas y chocolate. No probé nada en previsión de no hacer la cabra a destiempo. A las seis menos cinco, en la cama, contentos y felices. Una etapa más consumida. Aunque el domingo amanecí de malas maneras y eso que procuré no pasarme en nada. Y es que de donde no hay, no se puede sacar.

Ahora tenemos a los nuevos esposos por la tierra de los thais y aluego piensan ir a la polinesia. No puedo censurarlos aunque yo no iría. El miedo a tanto fracaso me tiene en vilo..... y el lunes la cogí llorona. Todavía no tengo claro si la boda fue en Aragón o en Galicia, ni una mísera jota aragonesa se escuchó durante toda la celebración.

DÍA GRANDE

El día 6 fue un día grande para toda la familia y especial para mi hija pequeña: se casó. Querían algo diferente y en verdad que lo fue. Los puñeteros hicieron todo a su aire, ayudados por su hermana que estoy seguro puso si no más, tanto interés como ellos en que todo resultara a lo grande. Hasta el día nos acompañó pues ayer, día 7, cayeron más de 60 litros en la Hoya de Huesca. No solo nos hubiera hecho la pascua sino la semana santa al completo; aunque nos habría librado del batallón de mosquitos que sin piedad, asolaron piernas y brazos a las invitadas sobre todo, sin olvidar a los hombres que se quejaban de que a través del pantalón los estaban asaeteando. Y es que tiene su explicación: en el jardín del Castillo de san Luis, restaurante donde se sirvió el ágape nupcial, nos sirvieron unos aperitivos antes de la cena que ya firmaríamos la mayoría para disponer de ellos todos los días e ir más que satisfechos a dormir.

Pero vamos a empezar por donde se debe, por el principio. Como habían de coordinarse los novios para ir en orden de llegada, problemas con el autobús de invitados, malentendidos a través de wasap y otras menudencias, nos tuvieron a la novia, las damitas de honor y al padrino haciendo una turné por las afueras de la ciudad e incluso hubimos de tener unos minutos de espera en una sombra para hacer tiempo; parecía aquello novia a la fuga. Menos mal que el Crispi, chófer y yerno, no se perdió; al fin llegamos con un retraso de más de media hora pero no por nuestra culpa.

La llegada como en todas las bodas, apoteósica y bajando unas escaleras hasta la capilla de la ceremonia precedido por el novio y la madrina. Excepto por el calor que hacía, aquello resultó de lo más agradable y divertido. Habían elegido como maestro de ceremonias al reverendo Juan. Una sorpresa y un acierto. Hizo un repaso existencial de ambos esposos, ya marido y mujer, con toques de humor que de vez en cuando hacían sonreír y a veces reír sin comedimiento a los asistentes. Cómo se lo curró para pergeñar aquel discurso bañado de anécdotas y retazos de música. Gracias Juan por tu colaboración y esfuerzo. Las palabras cariñosas no exentas de humor de las hermanas de los novios, levantaron las carcajadas y aplausos de los presentes. Y una gran ovación final para el maestro de ceremonias, reverendo Juan. (Y puñetero, si algún día dejo la cancela abierta y te cuelas, deja alguna señal de que has estado aunque lo escrito carezca de interés). 

Del aperitivo que siguió, que voy a contar. Malimpiau lo que sobró, que como me dijo el cortador de jamón "si viera la cantidad de comida que tiramos a la mañana...." Había de tó de comer y de beber; yo me senté en una mesa junto al pata negra y me puse las botas de comer los filetitos que el cortador dejaba en un plato y las rebanadas de pan tumaca para acompañarlo. Pero dejé de comer de casi todo, no porque me hubiese puesto morao del pata negra, sino porque había tanto y tan bueno que era imposible probarlo todo; había que dejar un pequeño hueco para la cena, que con buen criterio, los novios habían preparado suave y no tan pantagruélica como estamos acostumbrados en estas ceremonias.