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viernes, 17 de octubre de 2014

ESCLEROSIS MULTIPLE I

Hoy en El Confidencial, periódico diario digital, he encontrado un artículo que era un post de un blog que ha comenzado a escribir un periodista afectado por ELA (Esclerosis Lateral Amiotrófica). Y ello me ha hecho pensar. Nunca, y mucho menos por escrito, he relatado las circunstancias por las que mi cuerpo ha atravesado. Por eso voy a intentar hacer algo de luz sobre mi caso personal tal y como recuerdo que se produjo y las consecuencias (secuelas) derivadas del mismo.

Fue en el invierno del año  (78/79?) cuando contraje un enfriamiento de nariz y oídos que casi me deja sordo. Los dos oídos tapados. Las visitas al médico no produjeron ningún resultado positivo; ya cansado de no tener mejoría, le pedí una semana de baja para sudarlo en la cama al método tradicional. No recuerdo muy bien si me mandó al especialista, aunque es posible que sí pues me hicieron radiografías de los senos paranasales en las cuales algo no iba bien. Poco a poco, pasado un tiempo, los oídos se fueron destaponando y aquello parecía que estaba superado. Creo que fue aquella primavera cuando un día en el trabajo me rilé garras abajo por dos veces y como consecuencia de ello me marché a casa alarmado. Esa preocupación, por ese motivo, ya jamás me ha abandonado. Pero un día del mes de mayo, en la ducha, comprobé como en la pierna izquierda no percibía el calor o el frío del agua; hasta ese día o bien no me di cuenta o fue a partir de entonces cuando las señales de alerta se manifestaron, más.

Había cambiado de médico de cabecera y como es lógico acudí a él diciéndole lo que me estaba pasando. El hombre se tomó interés y me envió a los especialistas que consideró oportuno. Mientras tanto yo seguía mi vida habitual pero con los síntomas cada vez más claros. Así un día que fuimos de ojeo, caza, en el pueblo, llegó un momento que ya casi no podía andar. Yo era ojeador y una liebre que movió delante de mí la maté; pero al agacharme para ir a cogerla, luego no podía levantarme. Desde ese momento dejé la caza y me volví a casa. Eso sería en Octubre, calculo. Fruto de las pruebas que me hicieran, acabé en Neurología, Consultas Externas de la Casa Grande. RM incluida y el resto de pruebas necesarias.  En el mes de Diciembre, cercana la Navidad. Allí comprobaron y comprobé, que la mitad para abajo del cuerpo -no recuerdo la vértebra- la tenía "enferma". En el hemisferio izquierdo no tenía sensibilidad y el derecho carecía de fuerza. Ambas extremidades, disminuidas, pero no paralizadas.

El doctor Montorí, que así se llamaba el neurólogo, me citó para pasado Reyes a ingresar en el hospital para hacerme las pruebas pertinentes como así ocurrió. Estuve casi un mes y como dolores no tenía pues no lo pasé del todo mal, dadas las circunstancias.