sábado, 4 de noviembre de 2017

LA MUERTE (O LA NO VIDA)

Es el gran fracaso y la gran cabronada de la vida. Leí en algún sitio que solo los valientes mueren una vez en tanto los cobardes mueren en innumerables ocasiones. Yo tengo mucha práctica. La realidad es que hablamos de la muerte con una facilidad que acojona. Bueno, acojonar es poco. Es normal escuchar "porqué no me moriré" o "qué hago aquí ya", "estoy hart@ de vivir"..... palabras en vano.
Postureo, palabreja que está de moda últimamente. Cuando realmente la gente le ve las orejas al lobo, se olvida de todas aquellas frases lapidarias. Cuando me muera quiero que hagan esto o lo otro y lo de más allá... Postureo, cuando te mueras, has dejado de existir totalmente, no vas a estar allí para controlar que se haga todo como tú estableciste. Te harán las mil y una perrerías y tú, que en vida eras un bulldog que se comía a la gente cruda de aperitivo, ni te inmutarás. Y suerte si la palmas en tu cama, si lo haces un poco a la intemperie, los forenses disfrutarán contigo cual matachín el día del mondongo.  Habrás podido ser el mayor santo del mundo o el asesino en serie más cabrón de la historia; puede que se acuerden de ti, pero tú, no lo verás. No hace mucho hablando del tema un pariente decía que lo que hubieras hecho aquí quedaba y tal... ¿y a ti qué mas te dá si no lo vas a ver, si ya no existes? Muchas veces he meditado si la vida tiene algún fundamento y que para qué existimos todos en este mundo. A más a más, para qué existe el  mundo. El mundo existe porque existo yo. Miles de antepasados, hermanos, hijos… nunca tendrán la posibilidad de plantearse esta quimera. Podría tenerlo si hubiera una continuación antes o después de la existencia terrena, pero ya vemos en qué queda ésta cuando nuestros seres queridos desaparecen. (Nada falta en los funerales de los ricos, salvo alguien que sienta su muerte). Si fuéramos antropófagos, veríamos como en la carnicería podríamos comprar filetes de muslo o cualquier otra parte del cuerpo humano, (realmente sería difícil elegir porque una vez muertos, ciertas partes del cuerpo humano pierden mucho y yo las prefiero crudas, vivitas y coleando, al natural) lo mismo que hacemos con un/@ poll@, una ternera o un cerdo. Y no pasaría nada, igual que cuando asamos unas chuletas de cordero a la brasa. Pienso en que a mí podría ocurrirme algún percance y palmarla echando leches, hasta el punto de no darme ni cuenta de ello (sería ideal). Y una mierda, puto postureo. Pues de todo aquello que tengo dispuesto hagan conmigo, no me enteraría, aunque tardaran quince días en echarme en falta. No estaría aquí para ver cuando me hallaban, ni tampoco en lo alto del cerro de san Ginés cuando arrojen mis cenizas al viento. Y en dos generaciones, nadie se acordaría ni de que había existido. De los abuelos se enteran los primeros nietos en nacer, de los bisabuelos, casi nadie. Cuando repasan la historia de la Tierra y dicen que tiene no sé cuántos millones de millones de años, da risa escuchar a esos que se ponen a hacer discursos sobre el ser humano y olvidan que muchos millones de años antes existieron una formas de vida sobre ella que, si bien el hombre mientras no se demuestre lo contrario es la forma de vida más inteligente conocida, no podemos saber si antes no existieron otras civilizaciones tan adelantadas o más que la actual. Sobre todo porque el homo sapiens tiene poca historia y sapiens no está demostrando serlo en demasía, de lo contrario esto sería un paraíso y no una mierda dominada y gobernada por criminales. (Solo mirar quienes dirigieron el FMI y donde están ahora, ilumina bastante el asunto; y no menciono a tantos y tantos dictadores sanguinarios).

Hace años hablaba del tema con un compañero de trabajo ¿Y si nosotros formáramos parte de un ente del cual no tuviéramos noción de ello?  Sin darnos cuenta, en nuestro cuerpo, diariamente, millones de células y bichos ajenos nacen, viven y mueren sin que nosotros nos percatemos. Y hay un hecho irrefutable: nadie, absolutamente nadie, ha vuelto para dar fe si hay un Más Allá o un menos allá. Todo lo que cuentan algunos iluminados, son historias para no dormir o para bien comer. Alucinaciones que el ser humano quiere creer porque se resiste a desaparecer definitivamente.

El Hombre, -algunos hombres-, hizo a Dios (o a cualquier otra deidad) a su imagen y semejanza. Y eso es así, en México o en el Japón. Lo diga Agamenón o su porquero.

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