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jueves, 3 de noviembre de 2016

EL DOBLE


Dicen que todos tenemos un doble en alguna parte, mas lo que nunca podría haber imaginado Lucas Tardón es que el suyo sería tan idéntico, que le proporcionaría más de un dolor de cabeza.
Había comprado un billete de Trenhotel con la sola pretensión de darse el gusto de viajar en ese medio, pasar el día en la ciudad de destino y volver al atardecer. El puente de Todos los Santos le permitía esa alegría. Como el trayecto era nocturno, había vagón con cabinas y literas y él contrató una cabina preferente para ocupar una sola cama.

Estando en el andén de la estación para subir al tren, una mujer se le acercó y dándole un beso lo saludó.
   ─Hola cariño, casi no llego. El tráfico está imposible y aparcar ni te cuento.

Lucas, cariacontecido, quedó convertido en una estatua de sal. Cuando iba a decir: pero si yo a usted no la conozco, la vio correr apresurada hacia un hombre que, como él, esperaba unos metros más allá en el mismo pasillo.
Iniciado el trayecto, fisgoneo por el coche restaurante y tras tomarse un piscolabis, decidió ir a su dormitorio. Al pasar por el aseo, la misma mujer del andén, se colgó de su cuello y le dio un beso que lo dejó sin respiración. Cuando lo soltó, antes de que pudiera decir nada la chica desapareció en el lavabo. Sin dar crédito a lo vivido pero con la placentera sensación de aquel apasionado beso, continuo hacia su cabina. Vaya se dijo, no esperaba tan caluroso recibimiento por parte de la concesionaria del transporte.

No le apetecía leer así que optó por acostarse en la cama sin demora. El movimiento silencioso del tren –sabido es que ahora los raíles ya no tienen aquella separación que hacía que continuamente se escuchara el trac-trac de las ruedas sobre ellos- pronto venció el sueño a la vigilia.
De madrugada, sintió unas manos que palpaban su cuerpo.

    ─Amorcito mío, tu cuchi-cuchi tiene ganas de jugar otra veeez.
    ─Yo yo… acertó a mascullar

Ya lo tenía agarrado por el mástil de la bandera y este comenzaba a reaccionar. La sorpresa hizo que se incorporara bruscamente dándose un golpe tremendo en la cabeza contra la litera superior; esto lo sumió de nuevo en el limbo onírico. La visita no se percató del estado inconsciente de Lucas y siguió manipulando y acariciando al dormido que cada vez lo era menos. Creía se dejaba hacer pues su bandera no delataba el viaje astral que estaba realizando.
     ─Ummmm que rico sabe. Aun en su inconsciencia, Lucas se contorsionaba dando la sensación de participar de las caricias de la mujer.

Cuando despertó, el chichón de la testa lo convenció de que no había sido un sueño aquella fantasía, además se hallaba semidesnudo de cintura para abajo. Dolorido, se levantó y casi vuelve a caerse de espaldas: la litera superior estaba ocupada por una mujer plácidamente dormida.
Incapaz de reaccionar, salió al pasillo. ¿Acaso me he cambiado de cabina sin darme cuenta? ¿Seré sonámbulo o lo será ella? Cometí un error imperdonable al no cerrar la puerta por dentro, cualquiera pudo entrar sin dificultad.

En ese momento el revisor, acompañado por otras dos personas, registraba las cabinas. Cuando se acercaban a la suya, estuvo a punto de sufrir otro patatús. Uno de aquellos individuos era él. Se frotó los ojos con incredulidad y pellizcó los mofletes.
Estuvo mirando al trío hasta que llegaron a su altura. Su otro yo, sufrió la misma estupefacción quedando con la boca abierta y señalándolo con el dedo sin articular palabra.

      ─Señor… dijo el revisor al llegar a su cabina. Su sorpresa le impidió emitir expresión alguna. Miraba a uno y a otro pasajero lleno de asombro. Cuando al fin recobró el habla, balbuceo: Estamos buscando a una pasajera desaparecida… ¿permite que echemos un vistazo a su cabina?
      ─Claro, debe ser la señora que hay en la litera superior.

Su sosia se abalanzó sobre él.
      ─ ¿Qué ha hecho usted con mi mujer?

    ─Oiga, que yo acabo de darme cuenta de su intrusión. Quítenme a este energúmeno de encima. Mejor pregúntele a ella que ha hecho conmigo ya que yo no me he enterado de nada.
A causa del revuelo ocasionado, los ocupantes de las cabinas se habían asomado al pasillo y la bella durmiente también. Al comprobar que tenía dos “maridos” y percatarse de que el verdadero no era el ocupante de aquella cabina, abrió la boca, juntó las manos y se desmayó.

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