Amigos del castillo de Peracense

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martes, 26 de enero de 2016

ODIO ANCESTRAL

A raíz de una fábula que tengo por ahí escrita y que lo nombraba, indagué algo sobre la vida y milagros del general carlista que fue dueño de parte del Maestrazgo turolense y castellonense. Cabrera. Natural de Tortosa, hijo de un pescador, maula y gamberro por dedicación, fue dando tumbos hasta que la profesión de guerrillero asaltacaminos centró su existencia. Poco a poco se hizo con una fama y un poder cuyas consecuencias recaían en sus víctimas. Según parece, llegó a gozar de gran predicamento con el pretendiente al trono de España, el llamado Carlos V por sus acólitos.

Sanguinario, tal virtud se recrudeció cuando las fuerzas leales a la reina en ese momento, Isabel II, hermana de Carlos, ejecutaron a su madre por el simple hecho de serlo. Ya no hacían prisioneros enemigos, simplemente los ejecutaban; aunque tal proceder lo ejercían ambos bandos con sanguinaria dedicación. No, no es nuevo el afán de los españoles por dar matarile a quienes nos levanten la voz o no nos rían las gracias. Esa misma guerra cruel y devastadora se reiniciaría 100 años más tarde por los mismos intereses clericales y de casta dominante. Y en ello seguimos.

El general Cabrera llegó a las puertas de Madrid y la hubiera tomado y destronado a la reina si el cojonazos de Carlos, tras dos días de asedio, no se hubiera cagado garras abajo y vuelto a sus tierras en las vascongadas. Tal aseveración la escribió un prócer de la época que era miembro de la Academia de la Lengua entre otras cosas y lo que es más importante: enemigo de los carlistas. Anduvo el guerrillero casi por toda España haciendo de las suyas y de no ser por la traición que significó el abrazo de Vergara por parte del general carlista Maroto, hubiera seguido devastando haciendas y gentes por toda la región y limítrofes. Este convenio entre Espartero y Maroto, significó su fin, pues todas las fuerzas reales fueron enviadas contra él. Al fin, sobrevivió a numerosos percances a lo largo de su carrera que casi acaban con su vida,  hubo de exiliarse en Francia falleciendo en Inglaterra en 1877.