Amigos del castillo de Peracense

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viernes, 8 de julio de 2016

PARTIR, AUNQUE UNO LO DESEE

La noticia que dio lugar al anterior post, la verdad es que me ha hecho sentir pensamientos contradictorios. Al señor Aramayona no lo conocía personalmente pero sí a través de la prensa, sobre todo la reaccionaria como Heraldo, que ahora ni se ha molestado en difundir la noticia de su suicidio. Fueron divulgados sus escraches a la consejera de Educación, señora Serrat, tal como si hubiera cometido un crimen inconfesable o peor. Pasó días en la entrada de su casa con un cartel oponiéndose a la nefasta ley de Educación del no menos nefasto señor Wert. Tuvieron la desfachatez de denunciarlo a los tribunales y estos, a pesar de las coces que suelen tirar, lo absolvieron de cualquier delito. El señor Aramayona, era una persona que necesitaba una silla de ruedas para desplazarse.

No sabría explicar si es necesario ser un valiente o un cobarde para suicidarse. Creo que quienes somos por naturaleza cobardes, salvo algún arrebato insospechado e instantáneo, estamos libres de sufrir esas tentaciones. Si nos atenemos al discurrir traidor del día a día, son pocos los atentados personales contra sí mismos, aunque más de los que creemos. Las peripecias que la naturaleza nos infringe, a veces, muchas, nos hacen pensar en dar el salto y acabar de una vez con la tortura del sufrimiento físico o mental y los sinsabores diarios.

Personas que su situación las tiene postradas y humilladas, a pesar de ello aguantan estoicamente. Bien es verdad que en algunos casos han buscado ayuda para partir aunque una interpretación torticera y falta de empatía les obliga a permanecer en ese tormento para mayor gloria de ¿quién?. Una moral equivocada y dictatorial, tiene atados a quienes podrían en ese momento final suministrar los medios para una muerte digna. Nunca han amado al ser humano, excepto el suyo.