lunes, 6 de marzo de 2017

EL MENTIROSO


Aunque hoy día la mentira sea el caldo de cultivo en el cual se cuece la actualidad, no por ello la gente con conciencia y sin mácula tiene porqué aceptarla. Nunca una mentira repetida cien veces logrará alcanzar visos de verdad por mucho que sus padrinos persigan ese fin.

Esta no será una escena al uso, sino un reflejo de lo que la conciencia colectiva ha recogido en su ya largo deambular; no todo desgraciadamente. Por supuesto que cada cual tenemos en nuestro imaginario unos cuantos mentirosos enfilados y aunque nos juren por Tintín cualquier cosa, nunca les creeremos no obstante la verdad esté delante de nuestras narices. Muchos son los que no cesan de avisarnos de que viene el lobo; tantas veces nos han puesto en guardia que al final caemos en sus garras por la falta de credibilidad del vocero de turno.

Todos sabemos, porque así lo hemos aprendido o nos han enseñado, cual es el oficio más viejo del mundo; yo disiento: ya la serpiente mentía al tentar a la inocente Eva incitándola a consumir una simple manzana y a compartirla a su vez con un todavía más inocente Adán. Ese solo fue el principio (dando por hecho que antes no existía “sálvame” para hacer de cronista de lo sucedido en el Paraíso y lo que nos han contado seguramente fue producto de una calentura) ya que no tardaría mucho el chico malo heredero de la Creación en mentir como un bellaco cuando el custodio del Edén le preguntó por su hermano Abel. “¿Soy acaso su guardián?” Chulo el nene, como todos los sinvergüenzas que se ponen al mundo por montera.

O sea lectores/escribidores, este mundo de homo burrus que no sapiens, está montado sobre la mentira desde su principio y que arroje la primera letra aquél que no haya mentido flagrantemente nunca para conseguir cualquier deseo o para librarse de cualquier imputación sobre acciones poco recomendables cometidas. Las mentirijillas inocentes no cuentan. Lo mismo da que seamos seguidores de la teoría de la evolución darwiniana o la creacionista de los cristianos cavernícolas: somos en gran mayoría mentirosos compulsivos. Mentirosos y cobardes. (Unos más que otros, todo hay que decirlo).  Qué vuelva a arrojar la primera letra el mismo u otro lector que ante la acusación de un hecho imputado a otra persona, no se ha ocultado ladinamente en su coraza invisible y ha dejado que la mentira prevaleciera en contra de un inocente.

El mundo está regido por la mentira, el engaño, el embuste, la insidia….. Y nosotros, simples mortales —afortunadamente eso lo somos todos— debemos capear la tormenta que cotidianamente nos golpea sin piedad. ¿Cuántas verdades nos cuentan quienes nos gobiernan —es un decir—, o esas personas erigidas en representantes de un Ente superior al que nadie ha visto, o aquellas que en cualquier ámbito hacen la cosas “por nuestro bien”? Esos especímenes nos roban sin descaro en nombre nuestro o del sursuncorda, qué más da.

Según nos cuentan, el único hombre bueno que había era Noé y se salvó con los suyos del Diluvio Universal. Una de dos: o él y los suyos eran unos malvados kabrones o esa es una colosal mentira a la vista de los resultados posteriores. También cabe una tercera versión: somos herederos de extraterrestres. Claro que si solo sobrevivió Caín por narices tuvo que acostarse con una hermana suya…. O igual lo hizo con la mona Chita.

Seguro que habrá quien opine que tampoco era necesario remontarse tan al principio con los mendaces cotidianos que hoy nos gobiernan y roban. Por supuesto que sí, ¿acaso creen que en 750 palabras los podemos incluir cuando los jueces deben emplear miles de folios en sus sumarios para desmontar (o tapar) sus mentiras?

En fin, que yo como paradigma de lo que digo, no engaño a mi santa de la forma tradicional pues no estoy para esos trotes. Simplemente le digo que voy a pasear a la perrita a la Expo, al Parque del Agua, y allí me junto con los amigotes y golfeamos. Solo lamento un accidente que le costó la vida a un pato: estaba dentro del lago con tan mala fortuna de recibir un pelotazo en el coco y lo dejé tieso. Laika lo sacó fuera pero tuve que regalarlo ¿Cómo le explicaba a la santa el deceso de tan infortunado ánsar?

Antes se coge a un mentiroso que a un cojo, dice el dicho popular. Yo poseo las dos virtudes y siempre me pillan.

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