domingo, 26 de marzo de 2017

TEOREMA INCOMPRENSIBLE

De un tiempo a esta parte, me hace reflexionar un hecho que nunca me había preocupado: cuando entro a la oscuridad cualquiera que sea el lugar, ignoro lo que allí existe, no lo percibo, pero eso no quiere decir que esté vacío de cualquier cosa desconocida o no.


Ello me lleva a contemplar una evidencia: porque nosotros no veamos un objeto, no implica que no exista. Y su antónima: el simple hecho de imaginar cualquier circunstancia, carece de fundamento para creer en su existencia.

Es tan complejo este desparrame que, aun sabiendo lo que quiero decir, no encuentro las palabras e ideas adecuadas que me ayuden a plasmar su desarrollo. Encuentro varias contradicciones en mis afirmaciones; por un lado, es irrefutable que, a oscuras, no ves nada pero podrías estar rodeado por una multitud, hallarte al borde de un abismo o cualquier otra certeza o aberración posible.

Item más, por una muy fértil imaginación que poseas, no cuanto imaginas existe. Una situación muy banal: aun a riesgo de parecer machista leninista, puedes hacerte todas las pajas mentales que quieras pero nunca conseguirás ir más allá de ellas. Buena prueba es que las mujeres que has amado o deseado son ajenas, como las vaquitas de la canción de Atahualpa Yupanqui. Que las cosas materiales por las que has suspirado, tu mente no ha logrado hacerlas realidad.

Y ahora pasemos al asunto más espinoso: ¿existe Dios? Según la teoría de la oscuridad, debería ser sí la respuesta, mas esa creencia entra más en una cuestión de fe, como diría un cura, o de credibilidad que diría cualquiera que una noche estrellada eleve su mirada al cielo. Porque a la vista de tantos millones de estrellas, la teoría de la oscuridad se cumple: debe, tiene que haber millones de planetas habitados por seres vivientes, por mucho que los que aquí se han  empeñado a lo largo de siglos en hacernos creer que la Tierra era el ombligo del Universo, lo nieguen. No tienen que ser las formas de vida terráqueas, pero tampoco las que nos brindan las fantasiosas mentes peliculeras.

¿El Dios que nos han obligado a adorar, sea Yahvé, Allá o Acullá, es, existe? ¿Fue Cristo un hijo suyo? Solo con una creencia profunda y una mente cubierta por la niebla puede afirmarse eso a pesar de la teoría de la oscuridad. Pero lo que no puede negar el ser humano es que el Universo no surgió de la nada e incluso que, admitiendo la existencia de seres omnipotentes y superiores, nosotros, la chusma humanoide, no signifiquemos nada, pero nada, nada. Tan cierto como que la raza humana así como la vida en la Tierra, un día se extinguirá irremediablemente. De eso, no nos salva ni dios. Aunque nosotros TODOS, no lo veremos.


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