jueves, 4 de mayo de 2017

INTERNET

Es poca la racionalidad que me queda. Cada vez es mayor y a más velocidad la huida hacia adelante. Pero ello no es óbice ni impedimento que me haga servir de pantalla para no ver a la cruda, fantástica, feliz, amarga, voluptuosa y siempre inquietante, desasosegada, agónica y quimérica realidad virtual. En nuestro particular Dakar, deberemos evitar caer al precipicio como el eterno aspirante a todo y vencedor de nada que es Carlos Sainz. Hay que quemar etapas a toda pastilla y a ser posible, con otro ninot fallero que desee esa combustión en la pira orgiástica del fuego enredado. Chamuscados saldremos igual, pero hay que intentar al menos salvar la cola. (O sea, no acabar como el gallo de Morón).
En esta pira, adoptamos el rol que nos gusta en cada momento y según el estado de ánimo en que nos encontramos. Podemos ser el amante más ardiente o el témpano de hielo contra el cual se estrellan nuestros ardores o los ajenos. Esto en el plano físico/sentimental. Que no es ni de lejos el único aunque yo me refiera a él con preferencia. En todo caso, siempre buscaremos ese punto que vaya con nuestra mutante personalidad.

No es porque lo haya leído, que también, pero hace tiempo me di cuenta de que te puedes sentir enamorado de todas las mujeres, en mi caso, que se crucen por tu pantalla. Y eso es muy sencillo: Tod@s o la inmensa mayoría que por estos lares pululamos, sin quererlo o darnos cuenta, estamos buscando algo y también, sin quizá pretenderlo, lanzamos un SOS que puede o no ser recogido por otr@ navegante con las mismas o parecidas necesidades, ansias o pretensiones. Y delante de la pantalla del ordenador, somos aventurer@s sin freno, quijotes o sanchos según se tercie, idealizando a nuestra particular Aldonza, doña Inés, Dulcinea o don Juan, Diego o Romeo. Solo necesitamos encontrarla para darle vida virtual y mitificarla, aún a sabiendas, de que no es más que una holografía en el éter, intangible y por tanto, irreal. Porque ¿seríamos capaces de decir las más sublimes tonterías o enormes gamberradas delante de la persona de carne y hueso presente en la otra parte de la red? Evidentemente no. ¿Seríamos capaces de sentirnos enamorados de alguien aún sin haberl@ visto? ¿Por qué añoramos y sentimos desazón de alguien, a quien sabemos perdido antes de encontrarlo, solo con saber que está ahí? Evidentemente, sí. ¿Nos podemos explicar a nosotros mismos esa batalla interna entre la razón y la locura? Somos, (habrá quien lo negará aduciendo que está más fino y templado que la prima de un violín), como un misil en busca de un objetivo. Ciego, no le importará a quien destruye o contra quien se inmola con tal de alcanzar su objetivo. Si es necesario, destruirá a quien lo lanzó. Eso solo lo puede producir este medio perverso o electrizante, según se mire.

Quien diga que no están es su ánimo alguna de esas inquietudes espirituales o de cualquier otra índole, no es que engañe a los demás, que tampoco tendría demasiada importancia: se está engañando a sí mism@.

Siempre hay una inquietud o un hecho real que lo motiva: soledad, desamor, desengaños...... Depende de cual sea nuestro status en ese momento, desarrollaremos nuestro particular rol en el enredo. Sin olvidar una cosa: en el juego, la banca siempre gana. Esa es la kabronada.

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