jueves, 12 de octubre de 2017

SEGURATAS (Y OTRAS YERBAS)

De entrada, he de reconocer que no me caen mal, sino peor. Son sicarios a sueldo de quien les paga y en muchas ocasiones el uniforme les da unas ínfulas y prerrogativas que no les pertenecen. Hecho este que acontece no solo a los seguratas; también caen en ese torbellino la mayoría de individu@s que se embuten dentro de ese trozo de tela. Cierto que todo el que trabaja cobrando un sueldo, lo hace para quien trabaja o le paga pero hay distancias siderales entre realizar un trabajo físico o intelectual y tocarse las pelotas cobrando el salario a expensas de los demás y no precisamente para protegerles.
Hay una canción de Bunbury que refleja en tono jocoso, la canción, lo que les ocurre cuando en el aeropuerto de Ciudad Juárez intentan subir a un avión: "la sargento de aduanas dice que éste no pasa de aquí, no señor....". Siempre he pensado que a un español le colocas una gorra de plato y por muy humilde que sea su cometido, se transmuta.

Tuve una desagradable experiencia con un personaje indeseable de estos que a punto estuvo de dar al traste con mi vida laboral. No la voy a contar aquí, es algo muy personal y carece de importancia excepto en mi curriculorum. Pero a grandes rasgos, este hijo de puta, en un exceso de celo, se comportó como un trepa que intentó aprovecharse de esa circunstancia. A su jefe, le costó el puesto y a la empresa, media jornada de huelga. Ese cabrón se llamaba (desearía que así fuera) José Antonio Sarto.Y yo, contestatario, elevé mi queja al presidente del consejo de administración. Que al final salió de la empresa por ladrón.

Y qué decir de esos delincuentes uniformados que se "meten" a policías con la intención de repartir ostias e incluso asesinar, esperando que luego sus jefes los amparen y protejan. Como sucedió en Cataluña el 1-O y en tantos y tantos sitios del estado egpàñol. Luego una condenita para disimular y en cuanto las aguas se han calmado, el indulto. Así tratan los gobiernos a los ciudadanos y a sus mastines.


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