jueves, 5 de octubre de 2017

SONETO


Era más que un simple robot. No sé por qué motivo me viene a la memoria aquel soneto de Lope de Vega que empezaba así: Un soneto me manda hacer Violante / que en mi vida me he visto en tanto aprieto.

Violante nos pidió, a la vuelta de las vacaciones, un ejercicio de redacción que, al menos a mí, me dejó completamente fuera de juego, divagando. Y que, además, si contenía una historia de amor, quizá nos pusiera matrícula de Leonor. Ahí es ná. No deseo expresar mis pensamientos con tacos pero ¡coño! ¿Qué pretende que le contemos? ¿Cómo voy a ser capaz de “vivir” una historia de amor con un robot?

Ciertamente que la robótica ha adelantado una barbaridad tanto en hardware como en software, pero no me imagino haciendo manitas o el amor con un robot por mucho que la ciencia haya diseñado robots casi humanos. Al menos si por tal entendemos a una máquina que a través de un PLC es capaz de realizar los movimientos previamente incluidos en su programa, incluso hablar con voz metálica o de agradable señora o caballero. Pero un muñeco hinchable no realiza esas actividades, es estático. Claro que, por lo que a veces leo, las personas también somos capaces de robotizarnos en muchos aspectos de la vida y no te digo ya en el campo amoroso. Inclusive, carecer de sentimientos y discernimiento.

Porque vamos a ver, y no lo digo por experiencia propia que conste. Si cuando estás intentando hacer el amor, con grandes esfuerzos de concentración, dándolo todo, tu acompañante se dedica a fumar un cigarrillo o móvil en mano wasapea con vete tú a saber quién o con indolencia sigue la trayectoria del vuelo de una mosca o va y te dice que mañana va a venir su señora madre (una suegra es bidireccional) a pasar unos días en casa ¿podría definirse eso como hacer el amor con un robot que no te da ni frío ni calor y además es capaz de cortarte la inspiración haciendo que tu libido caiga más honda que las acciones del banco Popular? (Anda que si se le cuela un virus en el soft y en vez de cortarte la inspiración te corta otra cosa…)

No me veo enamorado de un aparatejo de esos que denominan robot de limpieza y desempolvan el suelo sin desanimarse en tanto las pilas contengan carga. Me causa una amplia sonrisa ver el espanto que produce en mi perrita Laika que huye de él como el Diablo de la Cruz. Si se queda aislada y tiene que transitar por el pasillo por el cual el robot deambula, presa de un gran aprieto como don Lope, derrapan sus patas sobre el parquet haciendo que el despegue le resulte poco menos que imposible al animalico.

Os confesaré que si hubiera un robot que llevara los niños al colegio, hiciera la colada, fuera al mercado, preparara la comida, planchara tras hacer la colada, quitara el polvo, limpiara los cristales de las ventanas y, en fin, me liberara de todas las faenas de la casa, no dudaría en comprarlo y enamorarme perdidamente de él. Pero mi santa dice: ¿y tú, qué ibas a hacer?

Y entonces me pasa como al reloj de Dalí, me diluyo como un azucarillo.

Y ya perdido total el oremus, ahí va eso:



Un boceto me manda hacer Rocinante

y yo nunca me he visto en tal aprieto

como podré rimar la consonante

si apenas me conozco el alfabeto.



Un farol me tiré, seré ignorante

debí no cotorrear como un lorito

que nunca presumir debes, delante

de quien quiere a su vez ser un gallito.



Pongo a Pitágoras de referente

juntando a hipotenusa con cateto

pues de esta forma me hallo la tangente

y doy por realizado este boceto.



Sé que no tengo idea de bocetos

¿acaso tos ustedes son perfetos?



Me temo que me quedaré sin matrícula de Leonor.

Y eso es to, eso to, eso todo amigos.
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