domingo, 26 de noviembre de 2017

ODIO O LIBERTAD DE EXPRESIÓN (según quien lo juzga)

Leo en eldiario.es, un artículo de la periodista Elisa Beni. Sin pelos en la lengua. En él, critica la distinta vara de medir que emplean el ¿gobierno? del Partido Podrido y sus esbirros. Mientras unas opiniones son tachadas de delitos de odio (las que no les gustan o dicen verdades como puños) otras, las de sus adláteres, las consideran libertad de expresión aunque en ellas hablen de matar. Hemos tenido muchas muestras en los últimos tiempos. Las más flagrantes: un tuitero catalán, que se alegraba de la muerte del fiscal Maza, está en la cárcel. El chat de los municipales de Madrid, donde le desean a la alcaldesa Carmena una muerte lenta y a poder ser flagelada por torturadores chinos, no merece ninguna repulsa y sí el apoyo de los sindicatos policiales. Es libertad de expresión.
Hemos llegado a un punto que nunca creímos alcanzar. La deriva autoritaria, antidemócrata y fascista a que nos está conduciendo este gobierno con el inestimable apoyo por acción u omisión de ese partido que dice ser obrero y socialista, pero que sigue las pautas señaladas por los dirigentes millonarios que lo prostituyen, con el señor X, Isidoro Gonzáles a la cabeza, y ese otro engendro neofascista del Ibex, Cs, no tiene límites.

Para colmo de escarnios e indignación, el TC, ha dejado en suspenso las sentencias judiciales de entrada en la cárcel recaídas sobre unos ultraderechistas que invadieron una reunión de catalanes en Madrid. En resumen, odio de verdad es el que se están encargando de propagar y fomentar estas gentes de derecha y ultraderecha a la par que impotencia y ganas de revancha. Claro que con sus varas de medir, estas menudencias son entretenimientos para unos e instintos asesinos en otros.

Un tío mío, alcalde en tiempos del franquismo, pero decente pues nunca robó nada, contaba un chiste según el cual, el alcalde, bando mediante, prohibía tirar cohetes durante la procesión el día de la fiesta mayor. Nada más salir de la iglesia, un cohete acojonó al personal. El alcalde se revolvió preguntando ¿Quién ha sido? Tú hermano, le respondieron. Joder qué ruido ha hecho. Pues así, siempre.

Todavía recuerdo cuando en los tiempos del Ansar y la guerra de Irak, escribía cartas al director llamando al gobierno como se merecía por los actos que realizaba y las publicaban. Hoy, estoy seguro, esas mismas cartas al director, darían con mis huesos en la cárcel, lo mismo que los titiriteros o el tuitero de Cataluña.

Personalmente considero que, tanto Twitter como Facebook, son dos coladeros por donde se introducen las mofetas y comadrejas -no digamos los huelebraguetas- en busca de ingunuos partícipes ingenuos y sin maldad en sus aportaciones y comentarios. Los que sí tienen esa maldad, solo hacen uso de su libertad de expresión.

http://www.eldiario.es/zonacritica/caguen-TTM_6_711888816.html
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