martes, 10 de abril de 2018

DIOS, NO ES INFALIBLE

Sobre Dios, cuentan, dicen y no acaban; que es infalible, omnipresente, omnipotente, en fin, la hostia. Y no, no es cierto. Como diría el engendro de Marichalar y la Elenita, es un flojo. No ha dado pie con bola desde que puso la mano o el ojo, encima de este miserable planeta.

Según cuentan los nazis sionistas, ¿hay algún judío que no lo sea?, tras una suma de cagadas continuadas, los eligió a ellos como pueblo predilecto en tanto al resto los condenó a servir a los primeros. En venganza, los pueblos denostados han hecho pagar caro tal desprecio, a los elegidos, a lo largo de los siglos.

Bien es verdad que a la Biblia no se le puede hacer ni puñetero caso. Fue escrita en noches de resaca y sus autores, más colgaos que las camisas de Moisés. La primera metedura de pata del Creador tuvo lugar al dar vida al primer humano. ¿A quién se le ocurre no hacer un compi en igualdad de condiciones, de diferente material y sin esquilmar las costillas del primer prototipo? Aunque claro, nunca podremos saber si Adán fue el primer protopito o el lago de Tiberiades fue fruto del barro empleado para dar una salida decente al primer humano.

Por otra parte, ya instauró la primera discriminación genérico/sexual de la historia: es una injusticia que el hombre no pueda experimentar el placer y el dolor reservados a las féminas. En igualdad de condiciones, a ellas también las privó del placer de penetrar a su pareja y dejarle el empandullo de la gestación y crianza. Una solución salomónica, aunque Salomón tardara milenios en aparecer por este perro mundo, hubiera sido hacer un solo ser, ni hombre ni mujer: como los caracoles, con cuernos dobles, babosos y arrastraos (eso ocurre actualmente, sin intervención divina): hermafroditas. Con los dos sexos, no habría tantos cambios de bando o acera como se dan en la actualidad, todo estaría controlado y con el uso que cada cual quisiera hacer de ello.

El siguiente fallo garrafal que tuvo, se originó con el Diluvio Universal: podía haberle servido para corregir los defectos de diseño y modelación pero no, cual niño consentido y mal perdedor, arrasó con todos y no dejó más que a unos gualdrapas, que a la vista está, no eran los más indicados para poseer la tierra. Solo tiene una disculpa: que quizá algunos, más listos que Él y Noé, previendo el cariz que aquella tormenta inacabable tomaba, pusieran pies en polvorosa y alcanzaran las más altas cimas terrestres hasta que escampara. Quizá de ellos han salido las sucesivas generaciones de pillos, granujas y truhanes de toda laya que ha repoblado la Tierra. Bien es verdad que debieron juntarse con los judíos pues estos, más que irles a la zaga, han sido más ladinos y maestros inestimables en todas las malas artes mundanas.

Con los siglos, el género humano, parte de él, ha ido perfeccionando las maldades y tragedias que sobre sí mismo ha descargado. A pesar de ello, no ha sido diezmado y sigue creciendo en cantidad y miseria. De lo que antecedió, la historia nos da cuenta; de lo actual, lo que quieren que nos enteremos, casi al minuto se propaga. Y las atrocidades que algunos gobernantes criminales -¿hay alguno que no lo sea?- están cometiendo a diario contra la humanidad, no demuestran más que ese Dios que algunos exhiben como la verdad más absoluta, es un camelo que sirve para esconder las mayores aberraciones y crímenes contra el género humano.

¿Hay alguna nación que se libre de tanta violencia? Algunos dirán que sí, pero mienten. En sí mismas, siempre habrá alguna violencia contra sus miembros; sibilinas y encubiertas o a la vista. Por contra, esas mismas naciones líderes en el bienestar ficticio, no dudan en proporcionar armamentos de destrucción a esas otras naciones, cuando no son ellas directamente quienes las destruyen. Tanta inmoralidad y destrucción de vidas, no merece más que el rechazo del ser humano de bien, que no ha llegado a esta altura de la civilización para contemplar como los intereses espurios de unos pocos, llámense como quieran, están masacrando sin piedad pueblos enteros.

Quienes dirigen los EE.UU, Rusia, China, y sus estados adláteres, merecen un castigo que solo podría venir del Más Allá, pues en este Más Acá, naciones y pueblos como Palestina, Siria y tantos otros africanos, asiáticos o americanos solo tendrían la salvación proveniente del exterior. Aquí, nadie les proporcionará la paz, excepto la de los cementerios.

El género humano, necesita una regeneración: debe desaparecer y como el Ave Fénix, resurgir de sus cenizas para renacer en medio de un modelo de sociedad que sea diametralmente opuesta a la actual, asesina de sí misma. El hombre y la mujer actuales, deben desaparecer. El planeta necesita descansar.

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