lunes, 16 de abril de 2018

MELANCOLIA

Hoy he realizado un viaje a dar vuelta a mi casa mediterránea, que ya dice el refrán que: "hacienda tu amo te vea y si no que te venda". El cielo plomizo y cubierto al salir de casa. Frente a Pina de Ebro, la riada que lleva días ocupando y preocupando a los ribereños a lo largo de la ribera del Ebro, se ha adueñado de los campos, llega hasta la misma autopista y según me ha dicho el vecino antes de salir, han tenido que evacuar a bastante gente en esta localidad; parce ser que aquí la afección ha sido mayor que en los pueblos de la ribera alta, a pesar de estar anegados todos los campos susceptibles de ello.

En el coche llevo un CD con ciento y pico canciones recopiladas hace años. Como la radio se escucha fatal por falta de buena señal, pongo el cd para que me haga compañía. Suenan canciones que son la memoria viva de toda una vida. La mía.  Según suenan, la melancolía me va invadiendo y la memoria me lleva o me trae los hechos que en ese momento, ésta atravesaba.

El cielo se deshacía en un llanto, a veces desconsolado, a lo largo del camino. Mi ánimo, víctima de las canciones, el ambiente y la soledad, acompañaba a ratos solidariamente a éste. Ya echaba en falta a mi compañera, y es que tengo la impresión de que mi espíritu cada vez es más consciente, sin que mi yo consciente se de cuenta, de que nos acercamos inexorablemente a la meta.

Al llegar a casa, recibo una excelente noticia aunque pasada por agua: el ayuntamiento de Constantí, me ha enviado como el año pasado un libro recopilatorio de relatos, incluido el mío. Además, un diploma nominal como finalista del concurso "Relats Mediterranís" en el que participé. Correos me había dejado el paquete a la intemperie y el libro ha resultado parcialmente mojado.

El mazazo lo acabo de recibir hace un rato cuando he sacado a Laika a pasear.  Mi vecino, Agustín, falleció en Semana Santa según me ha comunicado su viuda. No he podido contener la emoción. Estas noticias trágicas, inesperadas, lo abaten a uno. Esta familia, no tiene suerte. Al hijo pequeño le pegaron un tiro, accidentalmente, y tras más de un mes en la UCI, salvó la vida pero perdió la pierna. Tenemos una vecina, una hija de puta redomada, que últimamente nos está jodiendo la vida, a ellos mucho más. Y al marido, se lo ha ventilado, lo ha echado de casa (o habrá preferido marcharse) amparándose en la hija de doce años que tienen. Mucha feminazi, pero los hombres se llevan la peor parte.

72 años y lleno de vida; y en un momento, un ictus y a tomar por culo. En fín, era justo lo que necesitaba para levantarme el ánimo. Menos mal que Laika me acompaña .
Publicar un comentario