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viernes, 25 de mayo de 2018

EL BALNEARIO DE CIFUENTES


Este año me ha tocado participar en las vacaciones (bueno, vacaciones, vacaciones… en esa situación estoy todo el año) con que el IMSERSO subvenciona a los hoteles y balnearios españoles para que permanezcan abiertos y de esa forma, mantener entretenidos a los trabajadores que estarían inactivos y en el paro. Se trata del Balneario Hervideros de Cofrentes. A mí me pilla a más de cuatro horas en coche, pero merece la pena el esfuerzo.

Es un lugar enclavado entre pinares, con la central nuclear a tres kilómetros de distancia. Por la mañana, el penacho de vapor de las chimeneas de enfriamiento del agua del reactor, se eleva y visibiliza desde el balneario. Sin duda la gente del pueblo entre la central y el balneario y sus derivados, carecerá de paro.

La hospedería del balneario está formada por un hotel, que necesita un buen repaso, y alojamientos de obra, tipo bungaló, algunos de reciente terminación. Es como un pueblo, está a tope y calculo que habrá cerca de trescientas personas o más. El día que llegamos, esto parecía un hervidero, pero no de agua sino de gentes. Era imposible aparcar.

Del tema de baños, quien conozca uno, diferirá poco del resto, quizá los métodos. Tiene un manantial que hierve, de ahí su nombre. Agua con gas y sabor a hierro que está contraindicada para quienes tienen la tripa ligera. No está disponible para la ingesta libre e incontrolada para evitar esos inconvenientes. Esta es una zona volcánica, existen vestigios de volcanes; de ahí las numerosas fuentes termales sulfurosas y de otro tipo. De hecho, el castillo del pueblo, obra de los moros, esta sobre una de las chimeneas de un volcán; el lado que da al rio Cabriel, es una pared vertical de muchos metros; tantos, que a mí me daría vértigo asomarme. La de infieles y sarracenos que intentarían aprender a volar desde ella para salvar la vida. La historia parece ser que, algunos ricos utilizaban el terreno para la caza y veraneaban aquí, con casino y cine incluido. El hotel lo emplearían ellos y las casitas, para la servidumbre. Una vez descubrieron que la playa valenciana era más chic que el monte, lo abandonaron. A instancias del ayuntamiento, Iberdrola, muy vinculada desde hace años al pueblo, lo compró por sesenta millones de pesetas de su tiempo. Posteriormente, lo regaló al pueblo, a quien pertenece. Un grupo privado gestiona el balneario, con un médico a la cabeza, el doctor Fernández Torán, gerente y director.

La manutención, es a base de bufé libre con lo que eso supone. Los “enfermos” nos lanzamos como verdaderas pirañas sobre el mostrador de las viandas. A la mayoría deberían grabarnos para enseñar después a las familias. Para no meterme con los demás, de momento, diré que yo no me conozco ¡y no abuso!

Ya en el desayuno paso, de un vaso o tazón de leche con nescafé y cuatro Marías, en casa, a una taza o dos de descafeinado con leche (esto no llamaría la atención, porque la verdad es que con una que sale poco más de media, no te enteras). Pero luego vienen los acompañamientos. Un trozo o dos, de bizcocho, o unas rebanadas de pan de molde tostadas, o un cruasán y dos palmeritas, o churros, sin olvidar un tarrito de miel y dos de mermelada de melocotón (de esos que tienen una cucharada o menos). Bueno pues todo eso, a veces, TODO. Y soy muy moderado. Haylos/as que me maravillo de lo que tragan ya de buena mañana. Bocadillos de embutido incluidos.

Hay señoras ya mayores, bisabuelas, (porque mayor ya lo soy yo) que se ponen las botas. Y suelen coincidir con unas medidas circulares y una tara, que no veas. O sea, obesassss, con perdón. Y eso las que están al alcance de mi vista, que son las menos. Madre, que saque. También hombres haylos.

Yo, que hay noches que en casa no ceno; hoy he cenado un gallo plancha, dos codornices escabechadas, dos albaricoques, un trozo de pastel/bizcocho, un trozo de flan y un plátano. Todo ello regado con media botella de tres cuartos de vino blanco. Y no ha sido esta mi marca. Creo que según pasan los días, nuestra voracidad disminuye. Más vale, de lo contrario necesitaremos un plan de choque al regreso a casa.

En el tema de animación, la oferta es muy variada y para todos los gustos. Posibilidades de andar, todas. Ayer me acerqué a la ribera del Cabriel que está a tres kilómetros y con unas cuestas respetables. Hoy hemos ido, previo pago, a una excursión fluvial por el río Júcar. Paredes inaccesibles conforman el cauce, que ahora es embalse, del río. Hasta un pueblo que se llama Cortes de Pallás, en la margen derecha, y que hace unos años quedó incomunicado por un desprendimiento de la montaña. Allí hay una central —otra— hidroeléctrica de Iberdrola que parece ser la empresa construyó la presa con ese fin. (A menos de un kilómetro del final del crucero). Elevan el agua del rio hasta una balsa de varios cientos de Hm3 de capacidad para producir la energía eléctrica.

También se encuentra allí, a la vista, el inicio del trasvase Júcar-Vinalopó. Acabado, según nos han informado a bordo, pero sin entrar en funcionamiento. Miles de millones despilfarrados por los políticos, como el aeropuerto de Castellón o Terra Mítica, sin otra utilidad que los sobrecostes para la corrupción y la megalomanía de esos políticos. Alguno ya ha visitado la cárcel por ese motivo y otros están en camino.

Y antes que se me olvide: todas las noches de diez a doce ¡Baile! Hay que joderse, no sé dónde han aprendido pero la mayoría sigue los pasos de la animadora cultural como cordericos. Excepto alguna pareja que, ya entrenada, se exhibe ante la indiferencia de esos mismos cordericos, bailando tangos y salsa o chachachás. Y es que hay gente pa tó.

Hoy ha venido una remesa nueva de clientes. A la hora de comer, estaban todos aglomerados ante la puerta del comedor ansiosos por que se abrieran las puertas. Lo he visto ¡porque yo también estaba esperando!

Cuando ya faltan horas para abandonar el balneario, debo decir que la estancia ha resultado grata, el tiempo ha acompañado aunque ayer y hoy con el cielo encapotado pero sin llover. Esta tarde, ha llovido y tronado.


Esta mañana, cuando estaba bajo un chorro de agua en la piscina, he reflexionado entre la similitud de la vida y el funcionamiento del circuito de aguas: Cada media hora comienza un turno, según las plazas de la piscina. Al llegar se espera a que salgan las responsables y nominalmente recogen los papeles que indican los tratamientos que ha de llevar cada persona. Luego distribuyen a los “pacientes” al lugar que les corresponde. Así mientras dura la estancia. Pues bien, cuando nosotros comenzamos, estábamos en la lista algo así como en el último cuarto de la misma. Ayer y hoy, fuimos los primeros. Todos los anteriores ya habían marchado pero otras personas, nuevas, habían ocupado sus puestos. Mañana, nosotros, también habremos desaparecido. Espero que solo sea de esa lista, de la otra, sin duda que también van corriendo los puestos, pero na sabemos cuándo seremos requeridos.

Es recomendable y yo no descarto volver el año que viene. Si algún lector está interesado en él, a través de un mensaje y del correo puedo facilitarle cuanta información desee.
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