sábado, 5 de mayo de 2018

LA CUEVA DEL DRAGÓN


En mi pueblo, nunca había habido ladrones (digo dragones ¿en qué estaría pensando?). Eso sí, ogros, varios y alguno, causante de gran temor entre el vecindario y sobre todo entre la chiquillería. Uno en concreto, tenía fama de comerse a la gente cruda para desayunar, así que no era extraño ver huir a los rapaces en cuanto barruntaban su presencia, a distancia prudente, por si acaso. De este modo, había logrado que sus propiedades, las frutas y lechugas en el caso de los críos, fueran intocables; ya se guardarían de acercarse a su huerto como de mearse en la cama. Los pastores, se alejaban de sus sembrados no fuera a estar por allí escondido escopeta en mano.
Pero había uno, otro ogro, este sin tanta maldad, viviendo en el abandonado y arruinado castillo. Con una actitud todo lo contrario al anterior: Adoraba a los críos y estos disfrutaban cuando iban a verlo. Les enseñaba donde hacían los nidos las tordejas, los pajareles, la calinroya en el hueco de la cocina, las grajas y los alcotanes en las paredes del castillo… Siempre les decía que había que respetar los nidos, que los pájaros alegraban con su presencia y sus trinos la vista y el campo. Según la época, les ayudaba a coger endrinas y gayuba.

Un día al atardecer, recibió una enorme sorpresa: un dragón, este de verdad, se posó en la plaza del castillo. Fatigado, con la lengua fuera, se situó en el suelo dando la impresión que la había palmado. Con precaución Rufo, que así se llamaba el ogro, se acercó a él. El dragón abrió un ojo y le dijo:

—Hola, perdona que haya irrumpido de esta forma tan extemporánea.

A Rufo, abreviativo de Rufino, le pinchan y no sale una gota de sangre. ¡Un dragón que vuela y habla!

—¿Pero de ande has salido? ¿Y cómo es que hablas?

—Vengo de los Pirineos y he salido huyendo porque hay un idiota llamado Jorge que no para de acosarme. Y hablar, pues nunca me lo he planteado, hablo y punto. Como mis padres y hermanos.

A partir de ese día, ambos convivieron juntos y en buena armonía. Los críos, en principio no se atrevían a subir al castillo pero Rufo, les convenció de la bondad del dragón, al que llamaron Draco, para que jugaran también con él. Todo discurría con normalidad y camaradería hasta que decidieron los gobernantes de Aragón que había que restaurar el castillo para dar trabajo a los mineros en paro y fomentar el turismo.

Rufo y Draco debieron buscarse un nuevo hospedaje aunque no se alejaron mucho: Una roca situada a doscientos metros del castillo, en el entorno de Los Casares, tenía una gruta natural, la cueva Maleno. La acondicionaron y continuaron su plácido día a día.

A día de hoy, se han asociado con el empresario que explota las visitas al castillo y celebran los fines de semana vuelos sobre la fortaleza y alrededores, transportados por Drago, y exhibiciones de fuego del mismo. Por sus fauces, y por un módico precio, lanza chorros de fuego que acojonan o entusiasman al personal. (Revelaré un secreto que espero me guarden: Han ocultado un lanzallamas dentro de la cueva y hacen como que el fuego sale de su garganta, pero la gente o no se da cuenta o no le importa).

Y así es como en perfecta simbiosis siguen viviendo el dragón y el ogro. (Una vez fue Jorgito, y entre todos, lo echaron a pedradas).

Así sucedió y así se lo he contado.

5 comentarios:

K. Marce dijo...

Saludos, Amilcar:

Muy entretenido tu cuento, y muy enternecedor. Ver dos especies que por leyenda creemos que son dañinos y malvados, viviendo en armonía con la gente.
Me he perdido con el nombre de las aves, y los frutos (o lo que sea), ya que quizá por estos lados los conocemos con otros nombres, o definitivo son endémicas de tu zona. Siempre se aprende.

En cuanto a lo formal, se lo dejaré de trabajo a otro. Me han tomado ya las dos de la madrugada y es hora de ir a la cama. Con un lindo cuento que me hará soñar bonito, y que ha sido como un regalo a mis recuerdos de niñez, porque hoy 18, amigo, es mi cumpleaños. Así que ¡¡¡gracias!!!

La recopilación se ha publicado y el enlace lo encuentras en los comentarios (#41) de la escena de mayo, en Literautas.
¡Nos leemos!

Alemania entre bastidores dijo...

Buenas, Amilcar.

Me ha gustado tu relato, y la referencia a San Jorge.
Aunque de alguna manera me he quedado con una extraña sensación, como que se me ha quedado a poco. No sé, ogros que hablan, buenos, malos y que conviven con los aldeanos. Quizá se podría haber sacado más jugo de esa idea.

Me ha parecido muy bueno como mezclas las ideas fantásticas, ogros y dragones, con otros temas más actuales, como escopetas y asociaciones de empresarios. Te da que pensar.

Por cierto, el enlace a las vistas del castillo no lleva a ninguna parte, o al menos a mí me da un error.

Un saludo.

IreneR

Amilcar Barça dijo...

K.Marce, aunque con retraso felicidades. Que tengas dulces sueños. Lo formal, como tú lo llamas, es como predicar en desierto. No encuentra el terreno abonado.

Alemania, grossen putaden que no se vea el castillo, Si puedo, lo soluciono. Si eres capaz de sacarle más jugo, te cedo los derechos.

Hay que potenciar la fantasía pues la realidad ya nos da suficientes disgustos.

Un saludo a ambas y gracias por vuestro comentario.

Amilcar Barça dijo...

IreneR, tienes razón. No enlaza porque han puesto unas trabas que antes no las había. salu2

Amilcar Barça dijo...

Descubierto el truco. Ahora hay que pasar por taquilla para verlo